El regreso del héroe

La guerra entre hermanos llevaba asolando el país algo más de dos años, y había aumentado de intensidad, especialmente en la capital: Madrid. Los bombardeos de la Legión Condor se empezaron a repetir con tanta frecuencia que el tremendo ruido de detonaciones se había convertido en una banda sonora tan macabra como habitual. Allí donde mirabas, y en el mejor de los casos, había restos de fuego de explosiones o grandes polvaredas provocadas por la caída de una bomba. En este terrible contexto una chica joven con un abdomen tremendamente abultado luchaba sin éxito por poder llegar a refugiarse en el metro. Unas yardas más adelante un niño lloraba abrazado a un muñeco de trapo, mientras su madre le llamaba desde la boca de metro para que corriera hasta donde estaba ella, más, el estruendo que oía, le paralizaba pues el rugir de la guerra le bloqueaba por completo. Todo ocurrió muy rápido. De entre el humo como si de una aparición se tratara, surgió la sombra de un joven ni muy alto, ni muy bajo. Ni muy fuerte ni muy débil. Un chaval de quince años se abría paso con gran velocidad y determinación entre los escombros y las detonaciones, llevando en brazos a la chica que tantas dificultades tenía para ponerse a salvo. Al llegar a la altura del pequeño que sollozaba agarrado a su peluche, no se lo pensó dos veces y le invitó a que se subiera en su espalda como si se tratara de los lomos de un pura sangre. Bien podía ser uno de esos tremendos caballos, pues poco después reavivó una carrera llena de potencia, fuerza y fe, con la que llegaría al resguardo del metro. Aquel día Joaquín salvó la vida de tres personas. La de un niño asustado, la una joven aterrorizada y la del bebé que traía consigo. No fueron las únicas pues en aquel tiempo de sangre y fuego, el heroico joven se dedicó a echar una mano en este tipo de situaciones. Lo hacía en honor a su padre que falleció pocos meses antes de comenzar la contienda, mientras trataba de apagar el fuego de un edificio provocado por una revuelta urbana derivada del caos político del país. Recibió varios balazos por intentar sofocar unas llamas surgidas de la intolerancia y el fanatismo. El solo pensaba en salvar vidas no en pertenecer a ningún tipo de ejército. Su muerte no fue vano, pues sirvió de inspiración para que la llama del heroísmo prendiera en el corazón de su hijo Joaquín. No fueron pocas personas las que se salvaron en los brazos del valiente joven, más una vez terminada la guerra, prefirió pasar página y dejar en el olvido la heroicidad con la que actuó en aquellos días. Había cumplido con creces con su deber como ciudadano y nunca recibiría una recompensa por todas las cosas buenas que hizo. Nunca la recibiría, al menos directamente.

«¡¡Vamos chavalote!!. ¡¡Que no te enteras!!». Sus enormes ojos azules se posaban en él con una mueca socarrona y llena de sentido del humor. El profesor acostumbrado a la alegría de su alumno le devolvió un » ¡¡Ojo cuidaooo!! que te suspendo!!»mientras el pequeño reía con alegría. Profesor y alumno se relacionaban así. Desde la broma. Dani era un niño de espectro autista muy especial y Luis era un profesor de Educación Física que disfrutaba mucho de las ocurrencias de sus alumnos. Llevaba veinte años de profesor y en todo ese tiempo, siempre tenía la duda sobre si su trabajo tenía una repercusión positiva en los niños y niñas que pasaban por su vida. De alguna forma eligió su profesión en parte por su amor por el deporte, en parte inspirado por dos personas muy importantes para él. Por un lado estaba su abuelo. ´Éste no pudo ir al colegio al ser un niño de la posguerra pero sin embargo, le trasmitió el amor por aprender. Por otro lado estaba Antonio Roballo un compañero de colegio que nació con un problema que incapacitaba para caminar. Con los años no solo se había sobrepuesto a su dificultad, sino que además se había convertido en uno de los mayores showmans del país. Para el ser educador era su vida, su pasión y tener una relación tan cercana con sus alumnos le hacía sentir genial. Quizás nunca recibiría un premio por ello. Quizás no de manera directa.

Tenía una nueva función aquella tarde. Su creación en parte monólogo, en parte cuenta cuentos, se había extendido en el tiempo mas de diez temporadas. Lo que empezó siendo un contrato por tres meses, acabó renovándose una y otra vez debido a su gran éxito. La gente quería escuchar la curiosa visión de un ser humano cuya dificultades en la vida habían comenzado prácticamente desde el día que nació. Sin embargo sus sonrisas a la vida, su naturalidad y su capacidad de hacer magia con las palabras y las emociones, le habían convertido en una personalidad muy querida y admirada. Antonio Roballo era un superdotado en entender las bofetadas del destino y poder escucharle hacía que el corazón de los que tenían esa suerte bombease sangre de una manera mas viva el tiempo que estaban en su presencia. Aquella tarde, el teatro había puesto el cartel de no hay billetes una vez más. Sin embargo, aquella función no iba ser una función cualquier, pues entre el público estaría Luis Martín, uno de sus grandes secuaces de Antonio en sus juegos de la infancia, a la par que uno de sus grandes admiradores. Muchas cosas especiales estaban destinadas a pasar en la sesión vespertina de aquel lugar, cuyas paredes y butacas habían sido testigos tantas veces de las risas y buenos sentimientos que el gran Antonio Roballo provocaba. Y así fue, muchas cosas especiales pasaron.

» El trastorno de déficit de atención e hiperactividad puede desarrollarse en una de tres formas. Un médico puede considerar que el trastorno tiene: «. El texto seguía con una serie de características, que el lector identificaba muy bien en si mismo. Aquel día tenía guardia. Había pasado la mañana en el parque de bomberos leyendo algunos estudios sobre TDH, el trastorno que tantas dificultades le había causado en la infancia y la adolescencia a Raúl. Todo parecía presumir que aquella guardia estaría marcada por el silencio, la lectura y el entrenamiento. No podía estar mas equivocado. Sobre las 21 horas el chillido seco que activaba al cuerpo de bomberos, se extendió con fuerza por todos y cada uno de los rincones de aquella base de operaciones. Era tiempo de servicio. Era tiempo de acción.

Las llamas habían tomado gran parte del teatro. Todo empezó por un corto en el sistema de iluminación, que hizo que el teatro se prendiera a la misma velocidad que el fosforo de una cerilla. El calor y la humareda eran agobiantes, y las dificultades para respirar cada vez se agravaban según iba pasando el tiempo. No obstante, la mayoría de las personas que allí estaban habían desalojado a tiempo el lugar. Sin embargo, y paradójicamente, el protagonista en escena, permanecía acorralado por el fuego en el escenario pues maniobrar desde una silla movilizada por ruedas a través de una nube negra de humo y con la amenaza de un reguero de llamas sobre su cabeza era una tarea imposible. En pocos segundos la situación cambió diametralmente. Varías lanzas de agua comenzaron a borrar el fuego del lugar, y de entre la oscuridad provocada por la humareda surgió una figura vestida con unas botas oscuras, un abrigo oscuro y un casco, llevando en brazos al artista que no pudo terminar aquella función. Un gruñido en el tejado del edifico comenzó a oírse con estrépito, pues el techo del estaba a punto de llover sobre los que allí estaban. Por ello, el héroe uniformado, aceleró su paso dirigiéndose a la entrada a toda velocidad para dejar a salvo al cómico conocido como Antonio Roballo. Todos los bomberos allí presentes ya habían salido a la carrera en vistas de lo que se avecinaba. Al último de los integrantes de aquella brigada le dio tiempo a salvar a la persona que llevaba en bolandas, más justo en el momento de dejarle en la puerta, parte del edificio se vino abajo sobre él. Una vida había sido salvada más quizás otra había llegado a su fin.

» Un incendio acaba con el Teatro Delibes». Un incendio acaecido durante la representación de la obra Levántate y anda del cómico Antonio Roballo, redujo a cenizas el vetusto teatro. Según apuntan las investigaciones un problema en el circuito de iluminación del local fue el culpable de tan desgraciado accidente. No se han tenido que lamentar víctimas mortales, más el bombero Raúl Jiménez que salvó al famoso actor de una manera heroica permanece en estado grave con politraumatismos severos en diferentes lugares del cuerpo. Las últimas informaciones que llegaron a este periódico, apuntan que evoluciona favorablemente dentro de la gravedad.

» Corred levantemos esas vigas. Raúl está debajo de ellas.». Sus compañeros actuaron con la mayor celeridad del mundo y pudieron rescatar el cuerpo inconsciente de entre los restos del desplome del teatro. Pronto la ambulancia se lo llevó. En la distancia, Antonio Roballo observaba todo lo que acontecía mientras le hacían un chequeo en una UVI móvil. En ese momento, era testigo de excepción del rescate del hombre que le había salvado la vida. Su corazón latía todavía sobresaltado y en su rostro se dibujaba una sonrisa de alivio a la vez. En ese momento una voz amable y familiar le saco de sus disertaciones. » Mira que no echar a correr !!». » Pues ya ves macho !!!. Eso es porque tengo un amigo profe de educación física que no me ha querido enseñar» Dijo sonriendo mientras se fundía en un emocionado abrazo con su amigo Luis que aquel día fue a verle actuar. EL docente tenía una entrada de palco por lo que fue uno de los primeros evacuados en aquel incendio. » Por un momento pensé en que no te volvería a ver. Quise llegar hasta ti pero no supe cómo hacerlo y hasta que no te vi salir un nudo en la garganta apenas me permitía hablar». » Lo sé amigo. Lo sé. Yo también creí que no lo contaba». Mientras respondía pensativo y taciturno su ojos no dejaban de mirar en dirección a la calle por donde había marchado el coche que llevaba al bombero que le rescató de las garras de la guadaña. Pocas personas hay en la vida que vuelven a nacer por la acción heroica de otro ser humano, sin embargo Antonio Roballo aquel se había convertido en uno de ellos.

» Tiene dos vértebras rotas, varias costillas reventadas y el tobillo destrozado por numerosos sitios y con no pocas fractura abiertas. Necesita cirugía y curetajes antes de que la herida genere una infección en el hueso que le haga perder el pie. Las próximas 24 horas son claves para su evolución. Veremos cómo reacciona a los antibióticos y en función de eso decidiremos que cirugía realizarle. Lo que está claro, es que es bastante improbable que pueda volver a caminar con normalidad». El diagnóstico que dieron al jefe de bomberos de Raúl no era de extrema gravedad pero si dejaba una lectura clara. La vida del heroico ser humano iba a cambiar.

» Entonces Luis. Estuviste en el incendio del otro día? Interrogaba el pequeño fijando sus ojos azules en el profesor?». «Si Dani allí estuve». » Y tuviste miedo ?». » Si Dani, pase mucho miedo». » Yo cuando tengo miedo llamo a mi mamá. Tu la llamaste?.». El profesor esbozando una sonrisa en su rostro contestó. » No me dio tiempo. Tuve que salir corriendo antes, pero también la habría llamado». La respuesta dejó satisfecho a Dani que añadió » de la que te has librado chavalote!!». Luis estaba contento de que Dani se preocupara por él pues de alguna forma no tenía tendencia a relacionarse mucho de los demás. Era como una tortuga que asomaba su cabeza de vez en cuando, y si se asustaba volvía al caparazón por un tiempo. Sin embargo con él, Dani, siempre se mostraba cercano y cariñoso. Siempre se mostraba como la tortuga completa.

Antonio Roballo se pasó no pocas noches repasando mentalmente lo que vivió aquel día en el teatro. Las imágenes de lo que le aconteció llegaban a su cabeza como una película cuyas escenas se repetían una y otra vez con el mismo orden. El insomnio se había apoderado de él y lo aprovechó para escribir nuevos guiones de su espectáculo, el cuál quedó en stand by por la defunción del lugar donde lo realizaba. De aquella manera tan creativa Antonio fue superando el estrés postraumatico, sin dejar de pensar en que estaría pasando con el hombre que le rescató de desenlace fatal.

«No creas todo lo que te dicen Raúl. Estoy seguro de que eres capaz de hacer muchas cosas en la vida. Ten paciencia para saber cuales son e ir descubriéndolas. Todos tenemos algo bueno que ofrecer a los demás». El pequeño sonrió a su profesor y afirmó con la cabeza. El niño en cuestión no era otro que Raúl. Las fiebres altas por la infección del hueso de la pierna hacían delirar al joven bombero con momentos de su vida como en este caso era la infancia. La situación se había complicado sobre manera. Tenía ostiomielitis. El antibiótico apenas le había hecho efecto así que los médicos decidieron quitar las partes del hueso que se habían necrosado. Raúl iba a perder el pie, y se iba a enfrentar a la peor de las emergencias a que se había enfrentado. Rescatarse a si mismo del derrumbe de su vida.

Después de dos meses tempestuosos ingresado en el hospital el bombero recibió el alta. Su cuerpo ya no estaba completo. De hecho los cirujanos, habían realizado un corte por debajo de la rodilla que hacía que el joven tuviera que andar con muletas para poder desplazarse. La vuelta a la normalidad fue muy dura. El primer mes vivió en casa de sus padres hasta que pudo desarrollar la autonomía suficiente como para poder valerse por sí mismo. Después regresó a su casa y trató de poner su vida en orden. El tiempo lo dedicaba a entrenar, con los ejercicios que podía hacer, y a leer en profundidad sobre trastornos infantiles y dificultades de aprendizaje. Dedicarse a la educación era una idea que le rondaba la cabeza. Por eso decidió ponerse en contacto con el profesor de su pasado que más le marcó. Aúnque en su fuero interno, todavía alimentaba la esperanza de poder seguir siendo bombero. Más como podría lograr algo que parecía un imposible?.

«Ojo cuidado, que no estarás aquí para siempre». Era el nombre que había elegido para su nuevo monólogo Antonio Roballo basado en las circunstancias vividas tiempo atrás. Ya tenía nuevo teatro para estrenarlo con un contrato para el espectáculo de al menos seis meses, en los que intercalaria su nueva creación con la anterior. La obra que estaba a punto de parir, estaba llena de risas, moralejas y momentos para la reflexión, características distintivas de todo lo que tocaba el gran comediante. Sólo faltaba enviar las invitaciones del preestreno para todas aquellas personas que significaban algo importante en la vida del mago de las carcajadas. Dos de esas invitaciones estaban reservadas para una persona a la que todavía no conocía, pero que había sido decisiva en que se pudiera poner en funcionamiento el nuevo show. Un sobre con el nombre de Raúl Jiménez llegó al domicilio del bombero. De aquella forma Antonio estaba agradeciendo lo que el héroe anónimo había hecho por él, y sin saberlo, estaba abriendo la puerta a una amistad que duraría para el resto de sus vidas, y que tenía en común a una persona muy importante para ellos: Luis el profesor de Educación Física.

Nada más terminar su último clase del día, bajó a la sala de profesores para dejar el cronómetro y el silbato en la taquilla que le correspondía. Acto seguido el director le llamó a su despacho pues había una persona en secretaría que había venido preguntando por él. Según parece se trataba de un antiguo alumno que venía en busca de consejo para dedicarse a la docencia. Al maestro le supuso un sobresalto interior el anuncio de su superior, más también una sonrisa y un gesto de curiosidad le aparecieron en la cara. Así que sin más dilación entró en secretaria al encuentro de quién había tenido a bien buscar su consejo y su experiencia. Le recibió un hombre joven de aspecto atlético que apoyado en un bastón se acercó lentamente a estrecharle la mano con un » estás igual que siempre Luis!!» » Raúl!! Madre mía Raúl!!. Cuanto has crecido, que bien te veo!!. Dijo el docente abrazándole con fuerza. » Y eso que no estoy completo» contestó el otrora pupilo del profesor de educación física, mientras levantaba la pierna de su pantalón mostrando una prótesis que le permitía apoyarse en el suelo. » Y eso que te ha pasado?» Interrogó Luis. » Un accidente de trabajo que me ha hecho replantearme algunas cosas. Vengo a que me aconsejes que camino elegir para ser profesor, y de paso para invitarte a una obra de teatro de un cómico muy famoso que me ha enviado dos entradas» La cara de sorpresa de su otrora profesor no pudo ser más evidente. » No me digas que tú también conoces a Antonio Roballo?!!. Es amigo mío de la infancia!!». Los ojos de Raúl se pusieron como platos. » En realidad no le conozco, pero si estuve muy cerca de él en un momento complicado. Fui el bombero que le rescató aquella tarde en el teatro Delibes». Luis no sé lo podía creer.

El final de la función fue con el respetable en pie. El gran cómico había estado brillante a la par que ocurrente produciendo risas, aplausos y algunas lágrimas también, entre los que allí se congregaron. Al final Antonio Roballo quiso hacer una mención especial para él bombero que consiguió hacerle emerger del mar de llamas que unos meses atrás estuvo a punto de engullirlo. Para ello, de una manera muy espontánea el público fue quedándose en un silencio muy solemne y expectante. Acto seguido, el cómico invitó a la persona que le había rescatado a subir al escenario, si es que se encontraba entre los presentes. En la parte final del la sala de butacas, se levantó un hombre de aspecto atlético que muy lentamente y ayudado por un bastón se fue acercando al escenario ante las miradas de los espectadores de las diferentes filas y palcos que allí había. Cuando llegó a la altura del espacio escénico subió la escaleras para encontrarse con el showman sentado en su característica silla de ruedas, el cuál le recibió con un abrazo emocionado. Fue en ese momento cuando se dio cuenta del precio tan alto que había pagado el joven héroe por salvarle la vida. Era la segunda vez en la que ambos coincidían encima de unas tablas en poco menos de un año. En la primera ocasión, Raúl había sido mucho más rápido en llegar hasta el humorista y el final de escena compartida había sido mucho más dramático. En esta segunda oportunidad tampoco hubo discurso, ni palabras entre ellos. Todo se redujo a Antonio acompañando al bombero al centro del escenario, para luego apartarse a uno de los lados dejándole en el proscenio mientras iniciaba un aplauso que duró varios minutos con el teatro en pie. Las lágrimas pronto aparecieron en los ojos de Raúl. Una vez terminada la función el cómico decidió invitar a cenar a la persona con la que compartió escenario aquella noche y a la persona que le acompañaba aquella noche. El joven sonriendo dijo » he venido acompañado por un amigo genial. Seguro que te cae muy bien». A los los pocos segundos, se presentó ante ellos lapersona que había compartido las entradas con el joven bombero. La sorpresa para Antonio fue mayúscula cuando descubrió que quien había ido al teatro con su invitado especial aquella noche, no era otro que Luis, su mejor amigo.

La primera pregunta de la cena no se hizo esperar. » Desde cuando os conocéis vosotros dos ?!!» » Digamos que aquí el chaval fue uno de mis primeros alumnos, y aunque era un poco difícil de llevar en algunas situaciones, siempre tuve una gran relación con él. Siempre le animé a buscar su camino y me alegro mucho de que lo encontrase». Respondió el docente. «. » Me costó un poco profe. Todo mejoró porque con el tiempo empecé a llevarme mejor con mi hiperactividad y aunque me costó confiar en mí porque mi autoestima nunca fue buena, me di cuenta que tenía buenas condiciones para el rescate de personas. En aquellos días de preparación de las pruebas para ingresar al cuerpo de bomberos recordaba tus palabras y tus ánimos más de una vez. Lo cierto es que siempre has sido una gran inspiración para mi vida». Lo cierto es que encontré mi lugar si, y quizás ahora tenga que buscar otro por todo lo que me ha pasado a nivel físico. Respondió el otrora alumno con cierto pesar . » Te das cuenta Luis que indirectamente tú también has tenido que ver de manera indirecta en que yo siga vivo?».

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