El alma y el felino

La primera vez que se encontró con él fue cuando era  niño. Una visita al zoo le hizo tropezar frente a una urna, en la que un gran tigre blanco caminaba con majestuosidad de un lado al otro. En ese transitar el animal se paró frente al pequeño. Se miraron a los ojos como si se reconocieran.

La experiencia no se quedó ahí. Pasaron los años y cuando el pequeño creció, y parecía haber olvidado aquella mirada,  la volvió a encontrar en un vídeo juego  al asignarle de manera automática un tigre blanco como avatar. En aquella aventura, el felino era dirigido por el ahora adolescente joven, sorteando obstáculos y cumpliendo misiones. 

Por si esto fuera poco, una vez llegada la edad adulta, un gran gato albino se cruzó en el camino  del ahora adulto protagonista de la historia, pues en sus manos cayó un libro sobre leyendas de animales de poder. El tigre blanco ocupaba un lugar central, pues no pocas civilizaciones tenían al gran gato como ser cercano a la divinidad. Algo muy curioso, teniendo en cuenta que dicho animal únicamente se encontraba en una remota zona de la India. En todas aquellas culturas no contaban las mismas leyendas sobre aquel prodigio de cuatro patas. Eso sí. Había datos curiosos. Casi todas las historias podían tener cierta continuidad lineal.                                En el norte de África por ejemplo era famoso el siguiente relato.

 

Amor de Luna.

Era un tigre tan peculiar como imponente pero  acababa de entregar el corazón a la ligera. Se dejó llevar por el romanticismo sin saber que era pan para hoy y hambre para mañana. Y a pesar de que supo abrirse con valentía a aquella relación,  el dolor ocupaba el lugar que había quedado vacío en su pecho.
Decidió entonces que lo mejor era desaparecer por un tiempo en el bosque oscuro. Y así lo hizo. Mas es difícil que un tigre blanco pueda pasar desapercibido entre tanta penumbra. Así que enseguida llamó la atención de las extrañas criaturas del lugar.
Los que en el bosque vivían, lejos de ayudarle le atormentaban más.

“ Un animal extraño como tú nunca puede ser aceptado. “¿Dónde quieres ir con tu aspecto y tu actitud por la vida?”. Eran algunas de las frases que le susurraban a la  oreja. A fuerza de oírlas las comenzó a creer.

Un día cerca del lago de aquel negro lugar uno de los seres de sombra le sugirió que podría ser un tigre normal siempre y cuando bebiera agua de éste. El tigre bebió, y el resultado fue una intoxicación que le hizo perder  fuerza y poderío. Y así, sin fe ni fortaleza, quedó a merced del sombrío bosque y las alimañas que en el habitaban.

Tenía pocas posibilidades de sobrevivir, pues había perdido la capacidad para defenderse e ilusionarse. Ilusamente se tumbó en el suelo a esperar que la suerte cambiara solo por el hecho de dejar pasar el tiempo. No fue buena solución. Cada vez su deterioro físico y anímico eran mayores.

Cuando llegó el momento en que  ya no podía soportarlo más, recurrió a lo que en su tiempo de cachorro le daba resultado:  Rezar. Nunca lo hizo con intención religiosa pero recitar aquellas palabras le hacía sentirse protegido. Por ello, rezó con fe recordando con amor aquellos años en los que era una cría de tigre tan pequeña como alegre y valiente. Algo tuvo que mover  su oración, pues a las pocas horas de realizarla se presentó ante él un gran gorila cuyo tamaño e imagen eran impactantes. Al verle le saludo: “ mal sitio has elegido para descansar. Aquí alguien con tanta claridad es el foco de atención” . El homínido se quedó mirando fijamente el pecho del tigre. En el lugar del corazón había una gran bola negra.
“ Por lo que veo el caos y el vacío han ocupado tu interior. “¿Cómo es posible que  un ser tan bello y poderoso haya consentido una cosa así?”.

“Ahórrate los cumplidos mono. Si fuera tan bello y tuviera tanto poder  ella nunca se hubiera ido”. “¡¡Vaya!!, te has roto el corazón ¿eh gatito?. Y por las cosas que dices intuyo que has pasado demasiado tiempo aquí bajo la influencia de ciertos animales oscuros. Un desengaño amoroso duele y mucho, pero quizás sea mala idea que quieras  superarlo viniendo al sitio más  oscuro y solitario del mundo-. ¿Por qué te tratas con tanto odio?”.

El felino quedó pensativo. Quizás no fuera demasiado consciente de las decisiones que había tomado. “ Pensé que era lo mejor que podía hacer”. “ Seguro que es así.  Si lo hubieras hecho de manera consciente pensaría que te gusta  sufrir.”. “ ¿Quién eres?“Preguntó el tigre. “Soy el macho alfa de mi tribu:  Los espaldas plateadas”. Respondió el gorila.
“Y que hace un líder como tú en este lugar” interrogó el gran gato”. “Tú me llamaste.  Sé que te cuesta  comprenderlo gatito porque todavía desconoces como funcionan algunas cosas. Por cierto, te vendría bien dejar atrás la idea errónea de que los homínidos somos poco inteligentes, más que nada porque mi objetivo es sacarte de aquí. Aunque sea arrastras.” Explicó el macho alfa.

“No subestimes mi fuerza mono. Aunque me veas vencido, no dejo de ser un animal letal” Afirmó orgulloso el tigre. “ Así es. Pero has dejado que la ausencia de amor te  ciegue de rabia. Ahora quiero que te levantes y me sigas”. Concluyó el enorme mono.  El tigre se alzo sobre las patas. Apenas se sostenía  firme y erguido sobre ellas. El gorila comenzó a andar mientras el tigre le siguió penosamente en la oscuridad. El negro pelaje del poderoso homínido hacia difícil distinguir por donde andaba, pero en su espalda poseía una mancha blanca en forma de corazón que sirvió de referencia al felino. El universo enviaba al tigre una señal a través de aquella caminata. Estaba volviendo a transitar el camino del amor.
Pasaron varias horas de trayecto hasta que a lo lejos se vislumbraron los rayos de la luz del sol. El enorme mono detuvo su marcha justo delante de la salida del bosque. “ Cuidado gatito. Sal tomando precauciones. Has estado tanto tiempo lejos de la luz que ahora puede resultar un choque poco agradable”. El gato no le hizo caso. En su interior albergaba el fuego de un guerrero indomable que en muchos momentos le hacía tomar decisiones temerarias. Así que sin pensarlo dos veces abandonó el bosque oscuro bruscamente. Al salir, el sol le cegó y el calor le resultó tan  desagradable que tuvo que volver al cobijo de los tenebrosos arboles. El gorila siendo testigo de su testarudez sonreía.  “No pasa nada. Tienes tanta sed de reencontrarte contigo mismo que las prisas te pueden. Pronto se hará de noche. Espera a ese momento para salir y así amanecerás mañana fuera. Es una manera natural de restablecer tu ciclo”. Recomendó el espalda plateada.

Cuando el sol abandonó el cielo, éste se pobló de estrellas que junto con la luna lo fueron iluminando. Fue en ese momento cuando nuestro amigo salió de su escondite anonadado por la belleza de lo que estaba viendo. Lloraba de emoción al volver a contemplar la luna. No era una luna  llena pero había algo mágico en su aspecto. El gorila como si le leyera el pensamiento le dijo. “ Hoy es luna nueva.  Hoy empieza un recorrido de trece ciclos lunares. Es un buen momento para cambios y  soluciones”. El tigre respondió. “ No la recordaba tan hermosa”. “ Has estado demasiado tiempo en la oscuridad. No te voy a decir que la luna haya salido para ti, pues sale para todo el mundo. Pero si te digo que te ha echado de menos durante este tiempo”. Afirmó el gorila. “¿ Cómo lo sabes?”.  Preguntó el felino  “Me lo dice el corazón,  y créeme si te digo que nunca me falla”. Respondió el homínido furor en la mirada.

“Ve hacia lo alto de aquella loma. Acércate a la luna. No hay nada que desees más en este momento. Para mí es un regalo poder asistir al reencuentro”.
El tigre ( no sin dudas) avanzó lentamente. A medida que se acercaba a lo más alto su apariencia parecía cambiar en la lejanía. Su  aspecto se tornaba cada vez mas imperial e imponente.  Tras acercarse todo lo que pudo rugió con amor al cuerpo celeste  como si de un gato de callejón se tratara. La luna  le reconoció y como no podía ser de otra manera,  le correspondió con un rayo de luz que inundó su pecho. La oscuridad que durante tanto tiempo se había instalado en el interior se disipó. El tigre fue quedándose dormido acariciado por la luz del satélite.  Mientras, el gorila permaneció despierto un tiempo más.  Quería contemplar  aquella bella visión y lo hizo con una sonrisa en los labios y con actitud de reverencia.

A la mañana siguiente el sol despertó a ambos animales. Lucía radiante en el cielo. La luz de la mañana fue bien recibida por el tigre, como bien había predicho el gorila el día anterior. El enorme mono se acerco a la loma donde el gran gato descansaba. Su aspecto era diferente. “ En pie gatito. Nos queda algo por hacer. En pie”.  Después de lo vivido, el tigre confiaba en aquel gigantesco animal. “Échale un vistazo a tu cuerpo”. El felino se sorprendió al comprobar que estaba lleno de magulladuras por las que las extrañas criaturas del bosque habían estado succionado su energía vital. “ ¿Qué es esto?. Seguro que es cosa de los animales del bosque oscuro.  ¡¡Volveré y acabaré con todos!!!” Afirmó acompañado de un rugido lleno de rabia. “ Al principio podrás con ellos, a la larga será un suicidio. Ellos se alimentan de la tristeza y de la desesperación. Una guerra contra ellos siempre acaba generando emociones negativas”.   Contestó el mono “”¡¡¡ Malditos sean!!!. ¡¡¡Alimañas!!”. El felino estaba muy enojado. “Las gacelas piensan lo mismo de ti querido amigo. Cada uno de los elementos que componen esta existencia tiene un cometido. Los animales del bosque oscuro están ahí para recordarte la importancia de vibrar en el amor” Observó el mono. El tigre no sabía que decir. “Comprobémoslo. Sígueme”. Con sorpresa el gran gato observó como la mancha negra que era el gorila, se introducía en el bosque oscuro otra vez. Lo hizo tan rápido que al felino no le dio tiempo a seguir la mancha blanca del corazón que el gorila poseía en la espalda. Después de unos minutos se encontró perdido en medio de la oscuridad. Pronto las voces empezaron a acosar al tigre, pero en esta ocasión la situación había cambiado, pues identificaba el dolor de las criaturas que las emitían y  comenzó a sentir compasión  por ellas. El trayecto entre los tenebrosos arboles ya no le afectaba. Aquel paseo se había convertido en un ejercicio de comprensión y sabiduría. Pasado un tiempo y sin darse cuenta, el imponente gato había salido del inhóspito bosque. Allí en lo alto de la loma estaba el gorila acariciado por los rayos de la luna. Se acercó a él. Se miraron a los ojos.  Se reconocieron. El tigre era el lado luminoso del gorila. El gorila era la sombra del tigre.

“¡¡Por fin te das cuenta amigo!!. ¡¡Por fin me ves!!.” Compartió el macho alfa. Acto seguido, la luna iluminó por completo al gran mono convirtiéndole en un haz de luz potentísimo.  Dicho rayo  se introdujo en el corazón del felino. La dualidad había desaparecido. El gran tigre se había convertido en un ser completo y amoroso. El tremendo mono se despidió desde el  interior del felino: » Eres amor y atraes amor. Nunca lo olvides». El tigre comprendió el mensaje y permaneció sentado recibiendo las caricias de una luna cómplice y amante. Al fin y al cabo eran dos seres idénticos. Luminosos, con claroscuros, pero llenos de belleza y amor.

 

Aquella leyenda le conmovió por completo, pues tenía un trasfondo cercano a la vida de un ser humano. “Quizás no somos tan diferentes” pensó. Tras la primera lectura inició una segunda historia. Ésta pertenecía a pueblos del sur de África y se titulaba:

 

El gorila, el tigre blanco y la masculinidad.

El gorila macho Alfa de la tribu de los Espaldas Plateadas había enfermado. Nadie de entre los de su especie comprendía lo que estaba ocurriendo. Parecía que la dolencia que en su tiempo le atormentó había desaparecido. Pero no. Había vuelto, y con ello ese dolor de garganta tan profundo que le hacía sentir un nudo terrible alrededor de su cuello. Su pareja estaba asustada de nuevo. No sabía con afrontarlo.

Los días pasaban y el gran macho Alfa estaba angustiado. El chamán de la tribu le había dado un diagnóstico poco edificante sobre la situación de su cuello. Ante esta situación el hijo del enorme mono se puso en viaje para buscar ayuda, y la ayuda le encontró a él. Uno de los días, fatigado de buscar brujos y sanadores de otras especies, el descendiente del rey gorila se tumbó a dormir en medio de la sabana Africana. A la mañana siguiente a su lado, se encontraba de pie sobre las cuatro patas la figura majestuosa de un tigre blanco. El felino le miró a los ojos y le habló. » Has dormido casi doce horas, has de estar agotado y nervioso». » ¿Me has estado vigilando?. No me gusta que nadie me observe mientras duermo». Respondió el mono. » Te he estado protegiendo. Estas en zona de hienas, y no creo que ellas quieran ayudarte en lo que andas buscando». Añadió el gran gato.

El gorila guiado por una llamada interior que no comprendía, comenzó a contarle al tigre lo que estaba ocurriendo. Éste sin cambiar el gesto, ni su mirada ni su sonrisa, le aconsejó que le guiara hasta su padre. La extraña pareja animal inició el camino de regreso al poblado homínido.

Por el trayecto establecieron una buena amistad pues sus sentidos del humor eran parecidos. Al llegar al hogar del Gran Macho Alfa, los monos de la aldea recibieron con reticencias al felino. » ¿Que hace aquí ese animal?. Si ya de por si un tigre es poco de fiar, un tigre blanco ha de ser peor». Eran algunas de las frases que se oían. El gato como buen guerrero no hacía caso de provocaciones vanas basadas en el miedo a los desconocido. El estaba allí para tratar de sanar al Gran Jefe porque el universo le había enviado hasta la aldea.

El hijo del gran mono entró en la tienda del padre y le presentó al felino. » Veo que has venido de vuelta con mi descendencia. Esperaba a alguien más viejo, y con aspecto diferente. Al menos esa imagen es la que tengo de un sanador». Dijo el gorila. » Quizás sea más anciano de lo que crees. La existencia va más allá de esta vida física. En cuanto a mi aspecto, es el que es, pero no te dejes confundir por lo que ha de ser o no. Vengo a ayudarte». El homínido comenzó a contarle la situación, mientras el poderoso gato escuchaba con atención y comprensión. Poco después se acercó a la garganta. La examinó con esos ojos de mirada penetrante, y acto seguido le comentó.

» Gran Jefe ¿qué cosas has callado que te hayan podido hacer daño?». “Últimamente no me cayo nada.» “Comunicar cosas sin control también te puede herir. Se trata de sacar lo que duele desde el amor y la comprensión, si no, se vuelve contra nosotros. Acompáñame». El poderoso gorila se levantó del suelo y le siguió. Pronto llegaron a una loma desde la que se contemplaba el paisaje del poblado con bello atardecer. Allí el hermoso felino le habló con la profundidad que le caracterizaba. » Este es tu reino. Un lugar basto que has tenido que dirigir con determinación y coraje. En todo este tiempo te habrás sentido sólo, o falto de apoyo. Has experimentado la soledad del liderazgo, cayendo en la trampa de hacerte el fuerte porque es lo que se esperaba de un jefe como tú. Todo esa angustia y exigencia está en tu garganta Gran Macho, y reprochárselo a alguien o buscar responsable no te va servir. Quiero que desde aquí grites con fuerza tu dolor. Sin ponerle palabras. Céntrate en las sensaciones. Recuérdalas y envíalas a la madre tierra. Ella sabrá que hacer con la energía que liberes». El Gorila, se situó en lo alto de la loma, y conectó con las emociones y sensaciones de las que le habló el tigre. La soledad del liderazgo, el no pedir ayuda, el mostrarse fuerte ante el dolor, la necesidad de pedir cariño, etc… Todas aquellas vivencias le estaban generando la enfermedad, y cuando ya las lágrimas acudieron a los ojos el Macho Alfa lanzó un grito desgarrador que hizo temblar a todos y cada uno de los habitantes del poblado. El Gran jefe había vuelto. Su garganta había sanado. Y lo había hecho conectando con la vulnerabilidad. En la debilidad había reencontrado su fortaleza. El gorila miró con ojos de gratitud al gran gato que había venido de algún lugar desconocido con el único objetivo de ayudarle.

» ¿Por qué me ayudaste tigre?». » Hubo un tiempo en el que me di cuenta que ser macho implicaba una parte de dolor y carga que nos destruía y alejaba del amor. Ahora trato de ayudar a todos aquellos que enferman por no verlo. Aunque no lo creas, eres mi espejo Gran Mono. Y si tu sanas, yo sano, y el resto de machos sana». Sorprendido ante las palabras del poderoso felino le dio las gracias. » Gracias tigre, te estaré siempre agradecido». » Gracias a ti por dejar que te ayude. Sin ti yo no me puedo completar». Tras las palabras se fundieron en un gran abrazo de gratitud. Y en ese abrazo comprendieron que se necesitaban mutuamente en el camino de regreso a la masculinidad. Pasadas las horas, el gato se despidió de la aldea con un trote suave y elegante. ¿A donde iría?. Nadie lo sabía. ¿A quién le tocaría ayudar?. Nadie tenía ni idea. Al fin y al cabo el tigre blanco era un espíritu libre, y los espíritus libres pertenecen a la vida y se ponen al servicio de ella.

La segunda leyenda le dejó pensativo. Tigre y gorila intercambiaban sus roles de actuación. Era como si el gran felino ofreciera lo interiorizado en la narración anterior a un ser de la especie que le había salvado. La lectura de una tercera historia no se hizo esperar.

 

El hada, el tigre blanco y la autoestima.

Erase una vez, una bella hada llamada Campanilla, que era  alegre y juguetona. Con sus movimientos transmitía felicidad al bosque en el que vivía, dibujando las formas más bellas al volar. Además, la linda hadita era muy amable y cariñosa, tanto, que prestaba mucha atención a todo lo que le decían los animales que encontraba, algo que en muchos casos no le beneficiaba.
Un día en su pizpireto aleteo se cruzo con un gusano. Éste llamó la atención del pequeño ser con un lamento, y ella siendo tan amable como siempre se acercó a hablar con él. Craso error. El gusano renegaba de la existencia, y al estar peleado con la vida, quería que todas las criaturas de su alrededor sufrieran las consecuencias.

Campanilla pregunto al gusano: » ¿Qué te pasa porque te lamentas?».
«¿ Por qué me lamento? Mi vida es arrastrarme por el suelo y muchas veces restregarme por los excrementos de los demás animales. ¡¡¡Soy un desgraciado!!!» Dijo con victimismo.
Como nuestra protagonista tenía un gran corazón se prestó a ayudarle.
» ¿Qué puedo hacer por ti?» Preguntó.
El gusano respondió de forma manipuladora. – » ¿Un ser bello como tu?. No puede hacer nada por mi. Tu naturaleza es volar con alegría y ser el foco de la atención allá donde vas».
Lamentablemente (para ella) estas palabras la pusieron muy triste y volvió a insistir. «seguro que hay algo que puedo hacer por ti».
Entonces el gusano guiado por el odio a la existencia contestó. » Ya que yo no puedo cambiar mi vida. Cambia tú la tuya. Hazte gusano como yo. Arrástrate por el suelo, rebózate entre los restos de los demás animales. ¡¡Sufre conmigo!!!.»

Campanilla guiada por una compasión y empatía mal entendida, accedió. Y comenzó a vivir con y como el gusano. Dejó de volar para arrastrarse por el suelo en el que el fango y la porquería abundaban. Dejó de iluminar el bosque con su alegría y elegantes movimientos para pasar a quejarse de lo injusta que era la vida. Y así poco a poco fue perdiendo la autoestima y su condición de hada. Más de una vez trató de abandonar la vida junto al gusano, pero éste siempre la convencía con chantajes emocionales del tipo: » ¡¡eres una egoísta!!» o » ¡¡no me dejes ahora!!, ¡¡no podría vivir sin ti!!». Ella aceptaba seguir con aquel martirio pues sentía mucha pena por la perniciosa larva.

Un día, harta ya de los insultos del infame animal y cansada de reptar, decidió abandonarle. No fue fácil. Él recurrió a sus tretas de siempre, y el hada aun sintiéndose culpable, no hizo caso y se marchó. Abandonó su compañía y lo hizo arrastrándose bosque adentro, ahogándose en lágrimas y pensamientos negativos sobre lo que acababa de hacer. Tan duro se le hizo el camino de la separación que se quedó dormida y exhausta en una zona de pradera. Durmió 3 o 4 días seguidos. El cansancio emocional era tremendo. Al despertar Campanilla encontró frente a sí una gigantesca y extraña figura. Un animal que jamás había visto. Su aspecto era fiero y salvaje pero a la vez sereno y elegante. Tenía una presencia  majestuosa. Fue entonces cuando le habló.

» No sabia que las hadas utilizabais el barro y los excrementos para mejorar vuestra piel» dijo con gracia.
El hada se lo tomo fatal,» ¡¿quién te crees que eres para juzgarme?! » Contesto el hada malhumorada.
» Yo al menos se lo que soy. Soy un tigre blanco, que se comporta como un tigre blanco. Mientras que tu eres un hada que se comporta como una croqueta.¡¡ Madre mía que reboce llevas!!!»
El hada sintió irritación contra el tigre pero no tuvo fuerzas para contestar a esa ocurrencia y se echó a llorar. » ¡¡La vida es una mierda!!!» dijo
» a juzgar por como hueles no me extraña que lo pienses» Contesto el felino socarronamente mientras la subía con cariño a la espalda y comenzaba a andar.
«¿ Qué haces? ¿Dónde me llevas?”.
»  Creo que es el momento de que te reencuentres contigo misma» Campanilla durmió todo el camino y al llegar al destino, el gato, la despertó.

«Despierta perezosa, hemos llegado».
«¿Donde estamos?» Pregunto ella.
«En un lago». Y poniéndola en el suelo ella se acerco a la orilla. » Mírate en el reflejo». El hada accedió. La imagen que le devolvió el agua la sumió en una gran tristeza. El pelo lo tenía destrozado, mientras que la cara y el cuerpo entero estaban cubiertos por barro y podredumbre.
No se reconocía. » ¿Que he hecho?» Se preguntaba una y otra vez en el interior. Después de observarse un tiempo, el felino la introdujo con la zarpa en el agua lavándola con mimo.  Después la dejó secarse en el suelo invitándola a que se mirara otra vez. El aspecto había cambiado. Su imagen era más reconocible, salvo por el hecho de que no podía ni andar ni volar. Tenía las piernas y las alas atrofiadas.
“ ¿Cuando podré volver a ser lo que fui?». Preguntó.
» Tranquila. Has estado tanto tiempo comportándote como una gusano que ahora te cuesta creerte un hada. No tengas prisa . Las prisas llevan a muchos sitios y a ninguno bueno. Primero tendrás que re aprender a andar para después poder volar» observó el tigre.
» ¿Me ayudarás?» Le preguntó ella.
» Consultare mi agenda» sonrió el felino. El hada soltó una carcajada. Comenzaba a comprender la forma de ser de este extraño animal. » ¿Hace cuanto que no reías?»Preguntó el gato .
«Mucho tiempo».
» Pues que sepas que la risa es la gasolina del corazón y no vale tan cara». Afirmo él. Campanilla volvió a reír.

El poderoso gato la subió de nuevo a la espalda llevándola en otra dirección. Esta vez Campanilla no se quedó dormida y observó en su viaje el bosque recordando como lo veía cuando usaba las alas. ¡¡¡Echaba tanto de menos volar!!!.
Al llegar a un lugar del arbolado, el tigre la bajó de su espalda dejándola en el suelo. «Ponte en pie» dijo.
» No puedo» respondió la hadita.
«No es que no puedas, es que no quieres. Tu cuerpo está hecho para andar y volar, pero has aprendido a ser víctima como el gusano. Querer es poder. Es más fácil compadecerse que ponerse de pie, destruir que construir, hacer canciones de desamor que de amor, hacer llorar que hacer reír» .

Oyendo esto el hada sintió una fuerza interior que la empujó a ponerse de pie y andar torpemente.  Acto seguido el tigre comenzó a cantar la canción de las muñecas de famosa con gracia, y Campanilla echándose a reír con grandes carcajadas olvidó la dificultad que creía era volver a caminar y comenzó a hacerlo con más soltura. Por algún motivo la extraña bestia sabía que los aprendizajes acompañados de emociones positivas siempre son más fáciles, y aplicaba ese saber con nuestra querida hada. Tras terminar de caminar durante cinco minutos acompañada por el canto de tan mítico tema de la infancia, la bella Campanilla había recuperado la capacidad para andar correctamente.
Fue entonces cuando el felino añadió » ¿para qué caminar cuando se puede volar?.» Y subiéndola a la espalda una vez más, la transportó trepando a lo más alto de un árbol. Desde allí arriba le dijo «es el momento de expandir de nuevo tus alas » .
«¡¡¡ No puedo hacerlo!!!, ¡¡¡después de lo que he hecho con mi vida no creo que vuele nunca mas!!!»
«Olvídate del pasado y dale menos importancia a lo que te ocurrió. Los ángeles vuelan porque le quitan peso a los problemas». El hada flaqueó . Un sentimiento de culpa irrumpió en ella al acordarse de su antiguo compañero.
» No me parece justo que yo vuele mientras otros seres llevan una vida tan triste».
El tigre contestó con contundencia desde la profundidad de su corazón.» El gusano lleva esa existencia porque quiere. Sabe que solo se puede arrastrar, pero elige los caminos donde más estiércol hay para quejarse. Además, en un futuro se convertirá en un capullo. Pero en uno de verdad, no en el capullo que es ahora. Más tarde o más temprano, lo quiera o no, será una bella mariposa. El ha elegido el camino de víctima para crecer. Es más largo y tortuoso pero se le hace llevadero mientras engaña a incautas hadas como tú».

Campanilla se enfureció. Siendo consciente en ese momento de la situación que había vivido y volviendo a conectar con su fuerza interior se lanzó al vacío y comenzó un torpe vuelo. Fue entonces cuando el tigre soltó un » ¡¡¡vuela vuelaaaa!!!» Y la risa de Campanilla no se hizo esperar acompañada de un vuelo grázil majestuoso y pizpireto como el de antaño. Voló con tanta fuerza y tanto tiempo que apenas se dio cuenta de que el poderoso gato había bajado del árbol y la contemplaba desde el suelo con admiración. Al terminar el hada bajó a darle las gracias.
» Te estaré eternamente agradecida. ¿Por que lo has hecho?»
» En la vida no hay que tener motivo para hacer las cosas, simplemente hay que guiarse por lo que uno siente. «Contestó. Campanilla se sorprendió ante la sabiduría del felino.
«¿ Quién eres?, no me has dicho tu nombre»
» No te ha hecho falta saber quién soy para volver a saber quién tu eres. Si me lo preguntas te responderé que soy una parte de ti y de todo el universo».
El hada comprendió la profundidad de las palabras de aquel exótico animal y sintió que era el momento del adiós El gran gato sonrió y lanzó un rugido de despedida alejándose con paso firme y poderoso sin mas dirección que la que le proporcionaba su instinto, y sin más ambición que la de hacer sentir más felices a los demás. Campanilla experimentó  tristeza por su marcha y alegría porque sabía que nuestro albino amigo encontraría un nuevo ser al que ayudar en otro lugar del planeta. Al fin y al cabo era un espíritu libre, y los espíritus libres pertenecen al mundo y se ponen al servicio de él.

 

Estaba entusiasmado con los relatos leídos sobre el magnifico animal. De alguna forma sentía con total certeza que existía un vínculo real entre el felino blanco y él. Dicha sensación le hizo documentarse e informarse más sobre la extraña especie.

La mayoría de los tigres blancos aparecían por generación espontanea en familias de tigre común. Eran una rareza de la naturaleza que normalmente generaba el mismo efecto en los individuos del grupo al que pertenecieran. Lejanía. El tigre normal, era de por sí un animal solitario. El tigre albino lo era más si cabe  por su pelaje y por unas extrañas costumbres que le alejaban de sus hermanos. Era muy común verlos en soledad o  acompañados de otros felinos albinos como ellos, con los que de manera intuitiva  acababan encontrándose.

Lo más curioso de la situación es que alrededor de las pequeñas comunidades que establecían los grandes gatos blancos se generaban otras de tigre común que acababan adoptando los hábitos de los exóticos felinos. ¿Cuáles eran esas costumbres? Estaba tan involucrado con el redescubrimiento de tan maravillosa raza que prefirió viajar a la zona de la India donde proliferaban.  El corazón empujaba a ir a su encuentro.

 Llegó el  verano y el tiempo de vacaciones. No se lo pensó dos veces. Tras veinte horas de vuelo, con escala en Qatar, y tras varios días de viaje en bus hacía el estado de Madhya Pradesh, llegó al pueblo de Amarkantak.

Según lo investigado, aquella pequeña localidad, era el lugar del mundo en el que más tigres blancos vivían. Iba abierto a cualquier circunstancia que pudiera encontrarse, más nunca imaginó los acontecimientos que allí iba a vivir.

La pequeña ciudad estaba adornada con efigies de grandes felinos por todos lados. La adoración era más que patente. El centro del pueblo poseía un templo enorme cuya cúpula era la cabeza de un tigre. Hacia  aquel lugar confluían todas las calles. Decidió que el templo sería su primera visita. Primero fue a alojarse al único hotel de aquella localidad. Un humilde lugar donde dormir y comer cuyo dueño era un amable Indio de mediana edad que hablaba tres idiomas.

 A la llegada de la noche, quedó dormido. El viaje le había dejado exhausto. Los efectos del jet lagg no se hicieron esperar. A las cuatro de la mañana estaba completamente despierto. Sin saber porque, decidió salir  a pasear. Era como si una fuerza desconocida le sacara de la cama para dar un caminar por la ciudad de los tigres.  Las calles estaban desiertas. No había ni un alma. Sus pasos se dirigieron a la extraña construcción que presidia el centro del pueblo. El templo del felino. Entró dentro. El  interior era una nave circular con una gran abertura a través de la  cual se veía la luna. En este caso, una hermosa luna llena iluminaba el cielo de aquel alejado poblado indio. Pronto sitió que no estaba solo. Unas escaleras subían a una especie de altar donde caían los rayos del cuerpo celeste que presidia el cielo noche tras noche.  En aquel lugar cuatro tigres blancos observaban el firmamento con serenidad.

Quería verlos de cerca. Subió las escaleras para encontrarse con los animales.   “Me he vuelto loco” pensaba. “Me van a devorar”. Una vez arriba pudo comprobar que eran dos machos y dos hembras. No era un experto en biología pero por tamaño y morfología lo había deducido. Lo que estaba haciendo era una temeridad, pues estaba  a escasos metros de cuatro enormes gatos. Como si le estuviera esperando, uno de los dos machos dejó de mirar a la luna girando la cabeza hacía donde se encontraba él. Posando sus increíbles ojos azules en los del buscador se acercó con paso poderoso al encuentro. Los otros tres tigres no se inmutaron y continuaron con su actividad contemplativa. Curiosamente al ver al felino acercarse el miedo desapareció. De hecho, el majestuoso animal comenzó a lamerle las manos. No comprendía mucho lo que estaba pasando pero un enorme tigre de casi trescientos kilos le había recibido de manera dócil con muestras de agradecimiento. Minutos después volvió al hotel. En el templo se quedaron los cuatro formidables felinos. Tumbado en la cama trató de comprender lo que acababa de vivir, mas no fue posible. Tenía una certeza nueva. Una de las historias estaba en lo cierto. Existía un idilio entre los tigres blancos y la luna. ¿Habría alguna verdad más sobre estos magníficos felinos en los relatos que había leído?

Eran las seis de la mañana y volvió a quedarse dormido. Pasadas las horas despertó. Bajó a la recepción del  hotel. Allí estaba Chandraraj (nombre del dueño) que le recibió con una sonrisa y un buenos días.                                     Le ofreció el típico desayuno indio (aunque la hora en la que se servían había terminado). Un Masala Chai para beber y un uttapam para comer. A pesar del picante le supo exquisito.

Al finalizar de desayunar, Chadraraj le  sorprendió con una pregunta.” ¿Qué tal el encuentro en el templo esta noche?”. El viajero se asustó. Pensó que nadie le había visto, y que en realidad lo que le estaba viviendo en este viaje era algo poco corriente. Antes de que contestarle, el amable hostelero añadió” No te asustes. Estás aquí porque tu instinto está vinculado a los felinos angélicos. No eres ni la primera, ni la última persona que viene por aquí guiada por el rugido del alma.”  ¿Rugido del alma? ¿Felinos angélicos? No comprendía nada de lo que le estaba diciendo. Al ver su cara de extrañeza Chadraraj le ilustró “El tigre blanco es lo más parecido al ángel de la guarda de los animales  y seres de la naturaleza. Las dos parejas más sensibles de la manada se reúnen las noches de luna llena y reciben información de ñas especies que se encuentren en apuros. Después el  alma de los  felinos de esta zona viajan a los  lugares donde sean necesarios. Hay más grandeza si cabe, en el interior que en el exterior del tigre blanco.” “¿Entonces las leyendas que he leído son reales?”. Acertó a decir el buscador mientras recordaba las historias en las que el felino ayudaba al gorila y al hada madrina. “Así es. Lo que las personas escriben siempre tiene un poso de verdad. El gran gato albino, es un espíritu libre y los espíritus libres pertenecen al mundo y se ponen al servicio de él” replicó el hostelero como si hubiera leído el final de dos de las narraciones.“Leí también una historia en la que un tigre blanco se sume en la sombras y le cuesta reconocerse. ¿Acaso es un proceso por el que pasan en la vida”. Preguntó el viajero. “ Cierto. Pero no solo es el felino quien ha de transitarlo. “Contestó el Hindú mientras le miraba a los ojos.»

Los días fueron pasando. A menudo Chadraraj le acompañaba a la selva para observar a los poderosos gatos. Los tigres blancos no solo no atacaban al ser humano sino que además cazaban lo necesario para vivir. La tremenda genética que les había regalado la naturaleza les dotaba de una  fortaleza espectacular sin necesidad de depredar con voracidad. El gran macho que le saludó aquella noche de luna llena, se acercaba siempre de la misma manera.                                                                                                     “No creas que lo hacen con todo el mundo. Esto solo ocurre cuando reconocen afinidad a nivel de alma. No sé cuál es, pero compartís misión de vida”. Como siempre Chadraraj le sorprendía con una información profunda. Aquel hombre tenía una visión muy mística de la existencia. “Si te digo la verdad. No tengo mucha idea de cuál es mi camino de vida. Trabajo en algo que no me gusta pero me permite tener una vida cómoda. No sé cuál es mi pasión”.  Replicó el buscador. “Por eso estás aquí”. El te ayudará a encontrarla”. Dijo señalando al gran tigre que desde el primer día le recibió.

 El viaje llegó a su fin. El mes en India junto a Chadraraj y los tigres blancos había sido increíble. En los últimas jornadas, tuvo oportunidad de ver comunidades de tigres de Bengala comunes que imitaban el comportamiento de los de Amarkantak como había leído. También estrechó mucho el vínculo con el macho que le reconoció la primera noche de luna llena.                                                                                                                                       El día del adiós, se miraron durante un buen tiempo.Observar los ojos de aquel poderoso gato era como mirar al universo. En su interior sentía que había una admiración mutua. Después ambos posaron sus frentes en señal de cariño. El viajero se despidió diciéndole. “Tu sabes cuál es tu llamado en la vida. Ayúdame a encontrar el mío”. Se marchó con lagrimas en los ojos comprendiendo que los animales pueden tocar el corazón tanto o más que las persona.

 

El regreso a la vida cotidiana fue duro. Había vivido una gran aventura y regresar a su anodina vida era doloroso.                                                                 El aventurero comenzó un proceso de despersonalización. Cada día que pasaba se sentía más triste. Comenzó a sufrir ansiedad y poco a poco se fue encerrando en sí mismo. Se sentía más perdido que nunca. Ante la situación, pidió ayuda al cielo y el cielo tiene la curiosa costumbre de enviarla cuando se pide desde el corazón.

Una noche en la que no podía dormir, se levantó a contemplar la luna desde las ventanas del salón de casa. Estaba tan llena como la  de la noche en Amarkantak. Después de unos minutos u horas de observación se giró para volver a la cama. Al darse la vuelta la sorpresa fue mayúscula. En el suelo del salón, tumbado, se encontraba el tigre blanco. Junto a él, de píe estaba Chadraraj. Sus dos amigos de la India estaban allí. “ ¿Sorprendido?” Río el hostelero mientras se acercaba a abrazarle. El felino también se acerco a  saludarle lamiendole las manos. “Hemos venido para mostrarte el camino. Aunque ya lo hayas andado. Necesitamos qué cuentes tu historia, qué hables de nosotros, que se sepa nuestra verdad”. “¿Cuál es la verdad?” respondió el viajero.                                                                                               “Mírale a los ojos. En ellos está la respuesta” dijo Chadraraj mientras señalaba al macho. Así lo hizo. Y contemplando el universo de aquellas bellas esferas llegó a la comprensión profunda de que el alma se encontraba en todo ser viviente. Animales, personas, plantas,  formaban parte de un todo que encajaba perfectamente dentro de plan divino que conformaba la vida. A partir de aquella noche el viajero comenzó a escribir narraciones para expandir dicho conocimiento.

 

Quizás los hechos que relato no sean exactamente así. Yo soy el buscador y el viajero de esta narración. Mucho tiempo ha pasado desde el día que el tigre blanco fue fuente de inspiración para mi primer cuento. Desde entonces muchas historias he escrito y muchas otras escribiré poniendo mi corazón en ello, tratando de hacerte llegar mi querido lector@, que estamos avocados a un final feliz. De la luz venimos y a la luz regresaremos. No puede existir mejor colofón para la historia de nuestra existencia.  

          

   

 

 

 

 

 

  

       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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