Jacks: Casa 3

Jacks es un niño de menos de dos años. Ciego, sordo y con malformaciones de pies y brazos. Un niño que desde el punto de vista de la normalidad, presenta muchas anomalías.
Diagnóstico sobre Jacks: ninguno. Olvidaba decir que Jacks es haitiano y que es un niño que vive junto con diez “hermanos” más en la casa 3 del poblado de Aldeas Infantiles conocido como el Santo. Jacks representa una de las realidades más duras del país caribeño tras el terremoto. La del abandono de niños. En la lucha por la supervivencia son los débiles los que mas difícil lo tienen. Jack es doblemente débil. Por ser niño y además discapacitado.

 


Tener delante a Jacks produce una mezcla de sentimientos brutal. Por un lado lástima, compasión y tristeza. Por otra indignación, rabia y vergüenza.
Su pequeño cuerpo deformado, sus ojos grises desenfocados y su llanto constante, estremecen y hacen pensar en muchas cosas.

Sé perfectamente que el pequeño no llegará a los 5 años. La palabra sanidad no debe tener cabida en el diccionario haitiano (si es que hay diccionarios de francés Criol). También soy consciente del rechazo de la sociedad haitiana ante gente como Jacks. Muchos haitianos consideran la discapacidad como demoniaca. Jacks no es una excepción. Su madre en la Aldea (madres de adopción) no le saca nunca de la cuna. Cada vez que alguien lo va a visitar (enfermeras, o voluntarios) la “madre” lo entregaba mofándose.
Mucha gente del primer mundo debe pensar, ¿cómo puede ser posible algo tan inhumano y tan cruel hacía un niño de tan corta edad? La respuesta no la sé. Cada persona le dará una explicación en función de su moral y sus creencias. Algunos dirán que es por supersticiones tribales de un pueblo más cercano a África que a centro América. Otros dirán que es debido a la ignorancia del país en torno a la discapacidad. Y otros esgrimirán el poco desarrollo moral de las gentes de este país Caribeño.

Es fácil argumentar razones para hablar de algo que queda tan lejos. Es habitual ponernos a opinar sobre hechos como éste desde la posición de superioridad que da el desarrollo. Lo difícil es mirar en nosotros mismos y ver que en nuestro país (donde la sensibilidad hacia la discapacidad ha mejorado notablemente), todavía no son pocas las personas que reniegan de a los que Torcuato Luca de Tena llamó “Los Renglones Torcidos de Dios”.

Aquí el rechazo no estriba tanto en la ignorancia o el instinto de supervivencia. Más bien se sitúa en la etiquetación que se ha ido dando a este tipo de personas. Los que somos considerados “normales” olvidamos todo lo que pueden aportarnos y pueden enseñarnos. Ojalá el que aquí escribe pudiera dar el cariño siendo tan auténtico, trasparente y desinhibido como una persona con Síndrome de Down. Sin embargo son quizás tenidas más en cuenta las características que nos permiten diferenciarnos a modo de barrera con los demás.
Una barrera intelectual, que no tiene que ver con la la ignorancia y las creencias tribales pero que al fin y al cabo nos aleja de todos los que como Jacks de la casa 3, nacieron con unas características que con el tiempo hemos querido ver negativas.

Quizás es hora de que el ser humano recupere la humildad perdida con tanto cientificismo y teoría, y se acerque a sus semejantes sabiendo que puede haber diferencias biológicas pero que al fin y al cabo todos compartimos el mismo corazón

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