El peregrino de Santiago.

 

Hace ya algún tiempo un cruzado recién llegado de Jerusalén sintió la necesidad de buscar en su interior. Tras varios años en la guerra contra sarracenos, y demás hijos del islam, Rolando de Orgaz, regresó al reino de Castilla hastiado de  la guerras provocadas por identificar el Dios verdadero.


«Juro ser un Caballero de Cristo, un cruzado en todo momento, y hallarme entregado a una doble pelea: frente a las tentaciones de la carne y la sangre, a la vez que frente a las fuerzas espirituales del cielo. Avanzaré sin temor, no descuidaré lo que pueda suceder a mi derecha o a mi izquierda. Llevaré cubierto el pecho por la cota de malla, y el alma equipada con la fe. Al contar con estas dos protecciones, no temeré a hombres ni a demonio alguno.»

El juramento de lealtad a la orden del temple comenzó a carecer de sentido. Los demonios a los que hacía referencia también se encontraban en el bando cristiano. Todo era debido a la batalla por la toma de Jerusalén. Rolando  pudo comprobar con tristeza como en el corazón de algunos de sus superiores se había instalado la sombra. La sed de sangre y de poder habían cegado a muchos buenos hombres de aquella legendaria organización. Así que en un periodo de tregua decidió regresar al hogar, con un gran desencanto que desembocó en una crisis existencial.
Fueron varias jornadas a caballo las que le llevaron hasta regresar a los campos de Castilla.
Una vez en el pueblo que le vio  crecer se estableció en casa de sus ancianos padres, para descansar de todo lo vivido y asimilar la decepción.

Un día de los que salió a dar un paseo a caballo por aquellos entrañables lares, se encontró con el sacerdote del pueblo. El padre Román. Tenía un gran recuerdo de aquel hombre, pues le enseñó a leer y a escribir y le convenció para que se convirtiera en caballero.
» Paz para ti Rolando» le saludó con una amplia sonrisa. El soldado respondió bajando del caballo y abrazando a aquel hombre. » Paz para usted también padre». Caminaron sin hablar por un tiempo hasta llegar al pueblo. El prior rompió el silencio. » Me enteré de tu regreso el otro día, y también tengo noticias de lo que está ocurriendo en Jerusalén. No son buenos tiempos para hombres de honor como tú. No son buenos tiempos para los defensores del amor y de la justicia». Rolando afirmo con la cabeza en silencio.

» En aquellas tierras se esfumó  el idealismo que sentía  cuando me formé caballero templario. Qué Dios me perdone si estoy atentando contra él dejando de luchar por conquistar Tierras Santa, más no soporto más muertes gratuitas en nombre de ninguna religión. Si estoy haciendo mal que el cielo me castigue». Afirmó con firmeza.
» El cielo tiene suficiente con  mantener la cordura en hombres como tú mi buen alumno. Quizás el mejor guerrero en este tiempo sea el que se enfrenta a las batallas de su interior». Contestó Román.» No sé qué voy a hacer padre. No me veo con fuerzas para seguir batallando por conquistar otros lugares. «. El sacerdote le abrazó diciéndole » ultreia et suseia mi joven amigo. Ultreia et Suseia».


– Una tormenta terrible precipitó en Jerusalén. De lejos pude comprobar la figura del maestro clavada en una cruz presidiendo el Gólgota, escoltado por dos cruces pertenecientes a ladrones. Tenía miedo y tristeza a partes iguales. No podía comprender como aquel maravilloso ser humano, había sido condenado y ajusticiado con tanta inquina. Siempre nos recordaba que el amor y la justicia ofendían a mucha gente, más nunca creímos que iba a tener un final tan cruel.  Promesas de resurrección nos hizo. Ninguno de nosotros las creímos, tal vez por ello nos escondimos en el momento de su calvario. Jesús el hijo del hombre había muerto, y con él la esperanza de un nuevo despertar para Galilea-.
Evangelio de Santiago.

Ultreia et Suseia eran las palabras con las que se saludaban los peregrinos de Santiago. Desde hace muchos años gentes de toda Europa y del mundo conocido realizaban una ruta que terminaba en la ciudad conocida en aquel entonces como Santiago de Compostela. Contaba la leyenda el discípulo de Jesús había llegado en un barco a las costas de Galizia para trasmitir  las enseñanzas del mesías. Más algo pasó en el viaje pues todos los tripulantes del mismo, habían muerto cuando atrancaron en las costas de Muxia. Dicen que tomaron el cadáver  del discípulo del nazareno conocido como Santiago, y lo enterraron en aquel lugar que más tarde albergó una catedral y una ciudad llena de peregrinos.
Román  sugirió al cruzado que empezara la peregrinación a tan Santa ciudad. Sin embargo Rolando estaba desencantado con la idea, pues precisamente de un lugar sagrado venía en el que vio todo lo que era capaz de hacer el ser humano, por conseguir indulgencia y salvación.
» Amigo mío el camino que te propongo sustituye la espada por un bastón y el combate por la cooperación. Ultreia significa hacia delante et Suseia,hacia arriba. Un caballero como tú tiene esos dos ideales presentes. Hace muchos años, aquellos lugares, y el sendero que los atraviesa generaron en mi un gran cambio  pues caminándolos obtuve muchas respuestas. Tengo un sentimiento de responsabilidad con respecto a lo que has vivido, Rolando. Por favor confía en mí. Intenta seguir lo que para mi es el sendero de la verdad. Siempre puedes dejarlo  y regresar».
El guerrero accedió a regañadientes. Su fe estaba muy deteriorada, más inició la peregrinación. Consigo llevó la espada, pues no confiaba en las intenciones de quien fuera encontrándose.


– Y la víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.
Y he aquí, fue hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella. Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.
Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.
Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado.
No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.
E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho.
Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a sus discípulos,
He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron.
Entonces Jesús les dice: No temáis: id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán-.
Evangelio de Mateo capítulo 28.


A los pies de los Pirineos en un pequeño pueblo dejó el caballo, y comenzó el camino del apóstol. Los primeros días el silencio exterior fue lo que le acompañaba, más en su interior seguía rumiando y visualizando los horrores vividos en los años de cruzada. Tampoco descansaba por la noche y no era raro que en los hospicios en lo que dormía, se despertara sobresaltado gritando violentando a otros peregrinos que compartían el lugar de reposo.
En uno de estos lugares, coincidió en el descanso con un hombre venido desde muy lejos. Al escuchar el sobresalto con el que despertó Rolando, decidió seguir la pista de aquel peregrino que no se separaba de la espada. Durante dos días, y dos noches le siguió de cerca. Una jornada de camino creyó haber perdido al cruzado de vista. Craso error. Nuestro protagonista se encontraba escondido detrás de un árbol aguardando al que consideraba una espía. Le cogió por el cuello y le amenazó con rebanarle el cuello. » ¿Quién sois y porque me seguís?». «Mi nombres es Djibril, soy comerciante  y vengo de Francia. ¡Por favor no me matéis!. Sois un caballero cruzado, ¡tenéis honor y sois justo!. » Dijo con acento extranjero. Rolando observó al hombre. Su tez era especialmente morena, y su constitución muy fuerte para ser un comerciante. » ¿Cómo sabéis que soy un cruzado?» «Por el símbolo de la empuñadura de vuestra arma» contesto Djibril.
Poca gente reconocía por aquel entonces la Cruz del Temple. Rolando decidió confiar en aquel hombre. Le soltó del cuello y envainó la espada. » El honor y justicia del que me habéis hablado ya no pertenece a nuestra orden amigo. Es un sueño del pasado. El fanatismo ha podido con los ideales». Quiso aclarar el desencantado peregrino, » mientras haya un guerrero justo, el ideal vivirá» respondió el extranjero ofreciéndole la mano.  El caballero la estrechó» mi nombre es Rolando extranjero. Y voy a Santiago en busca de redención. ¿Qué buscáis vos?.». » La verdad. Mi señor, busco la verdad». Respondió Djibril con tristeza en los ojos. Desde aquel día, ambos hombres continuaron el camino juntos.

A pesar del miedo y de las dudas que teníamos al respecto, el gran maestro regresó a la vida. No fueron pocas las veces que se presentó entre nosotros estando reunidos. Aquí narro lo que aconteció en la conversación, anterior a su fusión con la divinidad.
Aquel día, meses después de recibir una serie de habilidades que nos hacían comprender otras lenguas o realizar milagros, Jesús se nos apareció en el momento de la cena.
Un sonido suave, acompañado de un fogonazo de luz precedían a la llegada del hijo del hombre. Venía a despedirse, pues le había llegado el momento de unirse con el cosmos y las estrellas creadas por nuestro padre celestial. Sus palabras nos llenaron de esperanza pues a pesar de que se marchaba siempre estaría con nosotros. Tarde o temprano también  formaríamos parte del padre. Tras la cena, Jesús nos llamó a Pedro y a mí a un apartado:
“ Pedro, Santiago, hace muchos años, antes de que nadie conociera mi nombre viajé por tierras muy lejanas comprendiendo el lenguaje de Dios en diferentes lugares de este mundo. En aquel tiempo conocí dos rutas  que realizaban hombres sabios y sencillos que vivían en la naturaleza, a los que se les conoce como druidas. Ambos caminos generan una bella unión con la naturaleza y con el creador acercándonos más a Dios”.

Mirándome a los ojos el maestro me dijo: “Santiago quiero que marches a Hispania, un país mas allá del mar. Concretamente a la zona de Galizia. Será bueno para ti realizar la ruta peregrina junto a los sabios de la cultura celta hispana. Aquellos lares  están más cerca del padre que de la propia Jerusalen.”
Después se dirigió a Pedro: “ Pedro quiero que marches a la península Italica y vayas a la capital de nuestros perseguidores. Roma. Allí existe un sendero que transitan un grupos de eruditos eremitas, que conecta el propio corazón con el de la misma tierra. Comprenderás que ninguna piedra está puesta al azar, y por ello te convertirás en la piedra sobre la que se edificará un mundo lleno de amor”.
Agradecidos por la confianza depositada por Jesús en nosotros, nos abrazamos a él. Era la última vez que le veríamos entre nosotros. “Hermanos si algún día os sentís desalentados acordaros de estas palabras, ¡¡Ultreia et Suseia!!. Las gentes  de aquellas tierras que vais a visitar, las usan para recordarnos que en el camino de la vida siempre hay que ir más allá y mas arriba, para encontrarnos con el padre”. Añadió. A continuación el maestro  salió  de la tienda donde nos encontrábamos. Sonrió, y acto seguido se convirtió en una bella luminaria,  que ascendió con fuerza hasta ocupar un lugar en aquel cielo de verano. Fue la estrella mas resplandeciente que jamás vi.                                                               
Evangelio de Santiago.

Djibril y Rolando se hicieron inseparables con las jornadas del Camino. El guerrero le contaba lo vivido en las cruzadas y el extranjero escuchaba con atención y admiración a aquel hombre justo y sincero.
» No comprendo que siga sintiendo culpa mi señor. Usted siempre ha actuado con nobleza». Afirmo Djibril. » Maté a muchos hombres, y el señor sabe que algunos no merecían morir. Se que me arrepentí, más hay miradas que nunca olvidaré y que se me aparecen cada noche en sueños.» Afirmó con tristeza Rolando.  » Esos hombres no volverán. Y el consuelo de su familia no llegará de ninguna creencia» Djibril observaba con compasión a aquel gran hombre. » Quizás contándomelo a mi esté salvando muchas vidas mi señor. Usted ha abierto su corazón. Deje que al final del camino le cuente mi historia».
El caballero quedó en silencio e intrigado.
¿Que secreto escondería el extranjero?.

Después de varios meses a caballo, llegamos a las faldas de unas montañas llamadas Pirineos. Allí comenzaba el camino de poder que el maestro me aconsejó hacer. Antes de comenzar el viaje, la cizaña se había instalado entre alguno de mis compañeros de hermandad. A la marcha del maestro, algunos hermanos quisieron trasmitir el mensaje de una manera solemne y rígida. Consideraban todo lo que no fuera de nuestra tierra pagano. No en vano algunos de mis compañeros no estaban de acuerdo con que Pedro y yo siguiéramos estás sendas. En realidad no entendían porque Jesús había confiado estas misiones a Pedro y a mi.  Los celos habían entrado en sus corazones para quedarse.
El camino fue una experiencia que me unió más al padre y a la madre tierra en la que vivimos. Comprendí mejor si cabe el mensaje del maestro y decidí quedarme en Galizia para morir. De Tierra Santa me llegaron noticias de lo que se contaba sobre nuestro viaje. A mi me dieron por muerto. Dijeron que mi cadáver llegó  en barco a unas costas cercanas al final del camino que Jesús me aconsejó hacer. La sibilina versión defendía que todos los ocupantes morimos por escorbuto antes de tocar las tierras de Galizia. El poder que conlleva la creencia había corrompido a algunos de los discípulos del buen mesías, volviéndose hasta peligrosos. Más como dijo él, la verdad os hará libres. Aquí dejo escrito el final de viaje y el legado de mi buen maestro. Recordad que hay muchos caminos para llegar al padre, y que es necesario poner corazón en ellos. Y recordad  sobre todo estas palabras:  ¡¡Ultreia et Suseia!!. Hacia el infinito y hacia el cielo!!. Evangelio de Santiago.

Rolando y Djibril llegaron a la plaza del Obradoiro. Allí casi terminada se encontraba la gran catedral en honor al apóstol. Se abrazaron sonriendo, felicitándose por haber concluido el camino pero sobre todo por haberse conocido. Lo importante no era haber llegado allí si no lo que habían vivido durante las jornadas de travesía.

El extranjero se arrodilló ante el caballero templario “ Rolando honro el hombre que eres, tu honestidad tu lealtad y tu sentido de la justicia. Ante ti se postra el principe Ahmed Fassan. Enemigo tuyo por cuna de nacimiento, y amigo del alma por lo que eres ahora para mi. No soy Francés ni comerciante, soy el heredero de Bagdad y en vista de los horrores que hace mi padre con los hombres de tu religión decidí buscar la verdad. La verdad sobre la guerra. Y me he dado cuenta que el honor y justicia de los hombres reside en el corazón. Da igual en lo que crean, da igual el color de piel, da igual la lengua que hablen. Me hablaron de este camino, y de su magia, y quise comprobar que el corazón de los cristianos late como el de los musulmanes y bombea sangre del mismo color. No solo he podido comprobar esto, sino que además he tenido la suerte de encontrarme a un hermano bajo el símbolo de la Cruz. Hoy aquí renunció a conquistar  Jerusalén pero no renunció a ser tu hermano el resto de mi vida. Cuándo herede la corona plantearé un armisticio. La Guerra Santa ha de terminar.”

El cruzadoo estaba en shock. Fue a buscar redención al camino y en el camino la encontró. Ahmed Fassan fue a buscar la verdad en el camino y en el camino la encontró. Rolando levantó a su amigo arrodillado ante él, y le abrazó con fuerza. Lloraron juntos, pues todavía quedaba amargura de lo vivido en las guerras de la religión.

El momento de la despedida, llegó varias lunas después. Un barco atracaba en un acantilado de Galizia conocido como Finisterre, llegado para buscar al príncipe de Bagdad. La hermanada pareja había llegado andando hasta allí. Ahmed subió con tristeza al barco por dejar a Rolando atrás. Sabía que ahora tenía una responsabilidad para con la humanidad. Podía detener una guerra. El barco zarpó en pocos minutos, y  desde él, el príncipe de oriente gritó con fuerza mientras miraba a su gran amigo el guerrero “ ¡¡Ultreia et Suseia amigo, Ultreia et Suseia hermano!!”. El cruzadoo desde tierra  despidió al heredero arrodillándose rindiendo  armas, en señal de honra y respeto. Lentamente y a golpe de ola  dos hombres justos  se separaban sabiendo que su encuentro en el Camino traería buenas noticias para muchas personas. Tras perder de vista la nave, Rolando decidió enterrar la espada en aquel acantilado. Ya no la necesitaba. Comenzó a cavar un agujero ayudándose de ella, y después de un tiempo se dio cuenta que en el fondo de aquella abertura  había una caja de madera. Era un de baúl. Procedió a abrirlo. Dentro de aquella caja había un gran número de documentos escritos en latín  por alguien que firmaba de la siguiente manera:  Evangelio de Santiago. A parte de la sorpresa. el templario no pudo reprimir una carcajada al leer el título de la primera  primera hoja del documento: Ultreia et Suseia.

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