El Amor Cíclico

El guión.

Nacieron para estar juntos y muy pronto se encontraron.   Él era el hijo de una pareja de de humildes campesinos. Con once años y debido a su temprana e innata capacidad para leer el cielo comprendiendo como este influía en las personas, sus padres le llevaron a la ciudad, para que un famoso sabio le instruyera en los principios alquímicos y druidas.

Ella era hija de dos comerciantes de sedas. Normalmente, el material llegaba al puerto de la ciudad en la que vivían  procedentes de las Indias. La niña nació en la ciudad. Conocía todos los lugares y a sus gentes como la palma de su mano.

Todos los días, la pequeña acompañaba a sus padres de madrugada al puerto de la ciudad, para recoger un cargamento de con los tejidos que les daban de comer. Una de aquellas jornadas de trabajo, se dio cuenta que cerca del muelle se hallaba sentado un niño no mayor que ella, observando los astros en el oscuro firmamento. Eran las cinco de la mañana. Una hora poco frecuente para encontrarse a un infante en la calle sentado. El pequeño parecía muy concentrado en la bóveda oscura que tenía sobre la cabeza. Era tal su atención que no se dio cuenta de la presencia de un nuevo barco amarrado al muelle. Ni el ruido que se estaba provocando en la descarga de dicho barco con una cola de vecinos recogiendo mercancia, era capaz de sacarle de su estudio.

Una vez que la familia de la niña había trasladado la mercancía a su local, la pequeña Amice pidió permiso a sus padres para regresar a aquel lugar donde había visto al misterioso niño. Eran las siete de la mañana, y allí permanecía sentado en su actitud de explorador, cuando parecía que el día iba a comenzar a despertar. “Parece que nos sorprenderá la lluvia sobre la tarde” dijo sonriendo mientras miraba a la pequeña que le observaba. “Mi nombre es Azov” Dijo. “El mío Amice” respondió ella.

El era un chico no demasiado alto para su edad. Tenía la tez morena, y  unos ojos brillantes llenos de vida. Ella era una niña algo más baja que Azov. Su tez era también morena, y poseía una larga melena oscura que contrastaba con unos ojos verdes esmeralda de gran belleza. “¿Qué observas en el cielo y por qué vienes a verlo a estas horas?”. Preguntó Amice curiosa “ No es fácil de explicar. Como sabrás hay gente que es capaz de interpretar símbolos y de dibujarlos después para comunicarse. Se llama lectura y escritura. Yo hago algo parecido con lo que veo en el firmamento. No recuerdo en el momento que comencé a hacerlo. Mi madre me dijo que desde el primer día me dormía mirando a las estrellas ”. “¿Y qué te dice el cielo hoy?”inquirió Amice: “ Que se acercan momentos difíciles para esta ciudad” contestó con serenidad y solemnidad. “ Algo muy negro está por venir”. Ella le miró a los ojos con asombro y admiración y sintió que en su corazón una llama empezaba a arder. ¿Sería eso el amor del que hablaban los adultos?. A él le pasó lo mismo. Le fascinó aquella pequeña y en el interior su fuego también comenzó a brotar. En cinco minutos tenían la sensación de conocerse de toda la vida.

Pronto se hicieron inseparables. Todas las noches Amice iba a buscarle tras ayudar a sus padres con las sedas que llegaban a puerto. Sentada a su lado le acompañaba en su viaje por las estrellas. Poco a poco la niña fue sabiendo más cosas de la vida de Azov. Supo que los sencillos y humildes padres del niño al reconocer el don de su hijo, le llevaron en presencia del gran sabio judío que habitaba en la ciudad. El gran Gedeón. Aquel erudito varón, era famoso por sus conocimientos de alquimia y kabala, así como por sabiduría como sanador. A la consulta llegaban gentes de todo el mundo en busca de solución a sus males. Gedeón quedó enamorado de la humildad del niño nada más conocerlo y decidió tutelarle y enseñarle todo su conocimiento. Se convirtió en su padre espiritual. Admiraba aquella extraña capacidad para descifrar lo oculto en los astros celestes y reconoció el potencial que tenía aquel pequeño como futuro sanador en la ciudad. Amice admiraba tanto al Azov por sus extrañas habilidades como por la sencillez y transparencia que trasmitía. Era un alma pura.

Los meses pasaron y tal como predijo Azov, algo negro llegó a la ciudad. Una enfermedad llamada peste, se expandió por las calles y casas de manera mortífera y certera. La culpa era de unas pequeñas pulgas que transmitían la plaga. El equipo de Gedeón y Azov trabajaba sin descanso día y noche para poder controlar y erradicar el mal. Aún así, al niño le quedaban fuerzas para bajar a leer las estrellas cada noche. Amice por el contrario llevaba varios días sin aparecer.  Azov empezó a temerse lo peor. El contagio de peste suponía la muerte en el noventa y nueve por ciento de los casos.

Un día en la ronda matinal de visitas a enfermos, Gedeon se dirigió al local de los comerciantes de seda: La casa de Amice. Azov se estremeció de miedo por lo que le pudiera haber pasado a la familia e ideas fatales plagaron su cabeza. El niño amaba a la pequeña con todo su corazón y en todo ese tiempo no tuvo valor para  acercarse a su casa por si aquel mal se la había llevado. No lo podría soportar.

Al entrar en la morada se encontraron a la pequeña llorando. Los padres habían fallecido y sus cadáveres habían sido quemados el día anterior para evitar que la enfermedad se propagase. Tanto Gedeon como Azov no tenían demasiada información sobre las muertes de la ciudad. Estaban tan ocupados en terminar con aquella pesadilla que los días los pasaban visitando enfermos.   Los padres de Amice como tantos otros no habían pedido ayuda. Consideraban la peste como un merecido castigo divino.  Avergonzados por contraer aquel mal, en vez de recurrir a alguien que les ayudara a suavizar los síntomas, murieron en medio de grandes sufrimientos. Gedeón inspeccionó a Amice por si había contraído la enfermedad pero milagrosamente estaba libre de su sombra y tremendamente sana. Azov le pidió a Gedeón hacerse cargo de la niña durante un tiempo ayudándola a superar  lo de sus progenitores. La pequeña con la ayuda del pequeño sabio, volvería a poner el negocio de sus progenitores en funcionamiento.

La peste amainó. La ciudad había recuperado la vida normal y el corazón de Amice recompuso sus partes, ayudada por aquel niño. El negocio de las sedas iba viento en popa. Azov formaba parte de él. Por las mañanas recibía el conocimiento del sabio maestro Gedeon, y por las tardes ayudaba a  Amice en la tienda.  Además le daba tiempo para realizar la visita nocturna a las estrellas. Y así trascurrieron varios años, en los que Amice y Azov se convirtieron en dos bellos jóvenes que bebían los vientos la una por el otro. Por el camino, y como es natural, ya se habían amado. Descubrieron la manera de materializar la llama viva que lucía en sus corazones a través del roce de sus cuerpos. No había dudas. Eran pareja. Y jamás se había visto a una pareja tan compenetrada y tan enamorada en aquella ciudad. Su vínculo era prácticamente irrompible. Solo había una situación capaz de disolverlo. Y esa situación llegó: la muerte.

Amice enfermó de un extraño mal del que ni siquiera Gedeon tenía noticias. Los músculos y huesos de su cuerpo iban perdiendo fuerza y movilidad, apagando la chispa de vida de la joven lentamente. Azov sufría terriblemente. El cielo no le daba ninguna solución al respecto y ninguno de los métodos usados con ella daba resultado. Ella sentía que lentamente, la vida se esfumaba. Poco a poco fue quedandose postrada en una cama. Azov le acompañaba día y noche, admirando aquellos inigualables ojos verdes.                                                                                                     Llegó el día de la despedida. Amice intuyendo su final, le pidió a Azov un último favor: “quiero que esta noche me lleves al puerto a ver el cielo.”. La petición le llenó de tristeza pues sabía que le quedaban pocas horas junto a ella. A las 5 de la madrugada de aquella tragica noche, cargado con el liviano  peso de su amada y con un gran dolor en el corazón, la condujo por las calles hasta depositarla en el lugar que tantas veces habían ocupado durante sus días juntos. Allí, en el mismo sitio en el que diez años antrás se conocieron, Azov alzó los ojos llenos de lagrimas mirando al firmamento. Después, con ternura, le repitió las mismas palabras con las que se comunicó por primera vez con ella la primera noche que se conocieron “ hoy nos sorprenderá la lluvia durante la tarde”. Amice sonrió con dulzura y cerró los ojos debajo de las luces celestiales que habían sido cómplices de su amor. Quizás fue producto de la imaginación, o quizás fue fruto del dolor que estaba sintiendo, pero el joven alquimista vio en el cielo una estrella que se apagaba.

Tras la muerte de Amice, Azov se sumergió en la oscuridad y la desesperación. El vacío que sentía era tal que comenzó a usar la sabiduría, y los conocimientos alquímicos – esotéricos en su propio beneficio. Amasó una gran fortuna pues solo atendía a gente con cierta capacidad económica, y además, un nutrido grupo de mujeres pasaron por su alcoba como pago a los servicios prestados.

A los oídos del anciano maestro llegaron las inquietantes noticias. Azov había comenzado a trabajar por libre años atrás, mucho antes de la dolorosa perdida de Amice. Atendía a todo tipo de personas y a los pobres no les cobraba. Lamentablemente la desaparición de la bella mujer cambió su manera de ver la vida, y por ende, la forma de trabajar. Gedeón andaba medio retirado. Había dejado la ciudad en manos de Azov. Por eso le preocupó mucho lo que según parece estaba pasando con su discípulo. Así que el gran sabio fue al encuentro del joven alquimista. Para ello se presentó en el lugar donde pasaba consulta. Hacía tiempo que no veía a su querido discipulo, pues esté se había encerrado en sí mismo y no quería mantener contacto con personas del pasado.   El maestro encontró a su en otro tiempo alumno cambiado. El rictus se le había endurecido y el brillo de los ojos había desaparecido. Aún así, recibió con un cálido abrazo a Gedeón. Se sentaron frente a frente y con la mayor de las franquezas,  mirándole a los ojos, el viejo sabio, acertó a decir: “hace casi quince años tus padres me confiaron a un niño lleno de vida y de inocencia. Era valiente, audaz y tenía la extraña capacidad de comprender el libro del cielo. Hoy te miro con dolor, pues siento que de ese pequeño no queda nada. Tengo la sensación de haberle fallado a tus padres, de haberte fallado a ti. Eras un tesoro por descubrir y hoy te empeñas en hacer ver a los demás que tu plomo no se puede convertir en oro”.

Azov contestó bajando la mirada: “Mi oro se fue con ella. En cuanto a mis padres, ¿quién te dice que lo que hicieron no fue para tener que ocuparse de una boca menos que alimentar?”. Gedeón recibió sus palabras como si fueran afilados puñales. La sombra de la más completa incomprensión había invadido el corazón del joven sabio. “Si es eso lo que crees, viejo amigo, no puedo hacer mucho más por ti. Te pido porfavor tu prudencia con ciertos comportamientos. Puede que la inquisición no sea como antes ante ciertas prácticas, pero todavía es lo suficientemente estricta en lo que a usar los conocimientos alquímicos para seducir a mujeres se refiere. Hace años era impensable que hubiéramos podido desarrollar nuestra labor. No tenses demasiado la cuerda con ciertas conductas. Esas damas que se rinden en tus brazos, por lo que representas, no van llenar nunca el hueco dejado por  Amice. Ella te amó desde que te conoció, y eso fue mucho antes de ser el personaje en el que te has convertido. No se trata de sustituirla constantemente, si no de aceptar que se fue”. Azov interrumpió a su maestro con furia: “¡¡Termina tu discurso y márchate!!. Hace tiempo que como discípulo te superé y veo que la envidia te corroe. No eres más que un pobre viejo que solo dice tonterías”. Las tremendas palabras del sanador de la ciudad hirieron a Gedeon.  El maestro comprendió entonces que el brillo de los ojos de Azov había desaparecido porque el odio les estaba cegando. Su discipulo estaba peleado con la vida.

Como bien  advirtió su viejo maestro las complicaciones no tardaron en llegar. Dos de las mujeres que obtenían tratamiento a cambio de favores sexuales quedaron embarazadas. Los maridos le habían denunciado ante el tribunal de la Santa Inquisición. Azov fue encontrado culpable y condenado a muerte en la hoguera para ejemplarizar.                                                                    Le tuvieron encerrado en las mazmorras de la casa del tribunal inquisitorial durante una semana antes de la ejecución. Toda aquella situación le había hecho aumentar el odio hacía el mundo. Se sentía injustamente tratado y consideraba a sus vecinos de Villa unos desagradecidos. ¡¡¿A cuantos de ellos había sanado?!! ¡¡ Y así se lo pagaban!.

El día antes de su muerte recibió una visita muy especial. Gedeón apareció en prisión acompañado de sus padres.  Aquellos sencillos y humildes campesinos había envejecido  mucho, pero en esencia seguían siendo los mismos. La madre de Azov con lagrimas en los ojos dijo” ¡¡ qué grande y guapo te has hecho!!”. Su padre añadió “ Pase lo que pase hijo, estoy muy orgulloso de ti”.   La incondicionalidad de sus progenitores ablandó el frío y duro corazón del alquimista y se derrumbó en llanto fundiéndose en un caluroso abrazo con los que en otro tiempo le dieron la vida y la posibilidad de desarrollar su don. Gedeón contempló aquella escena emocionado. Le quedaba la duda de qué hubiera pasado si Azov hubiera estado en contacto con el amor de sus vetustos y amorosos padres. La inquisición no concedía visitas a los reos condenados a muerte pero Gedeón tenía una gran imagen dentro del tribunal eclesiástico a pesar de ser judío y alquimista. La visita llegó a su fin. Azov se despidió por última vez de sus progenitores y de su amado maestro sabiendo que después de la noche llegaría una noche más larga. No obstante la visita había obrado un pequeño milagro. Aún sabiendo que iba morir, una sensación de esperanza un tanto demencial se había instalado en su interior de Azov.

El día de su ejecución el joven sabio fue conducido con grilletes hasta un carro tirado por bueyes. Allí arriba y de pie fue paseado por las calles de la ciudad, hasta la plaza donde tenía su sede el santo tribunal. Le esperaban tres verdugos enmascarados. Le llenaron el carro de leña y maleza y soltaron los bueyes.

Antes de que comenzaran a prenderle fuego, pudo comprobar la sed de sangre que tenía la ciudad, pues hacía muchos años que no se realizaba una ejecución pública. Era como si aquella gente necesitara su dosis de violencia después de estar mucho tiempo aletargados. En el sadismo de las caras no reconoció a ninguno de los vecinos que antaño se habían beneficiado de sus conocimientos. Lejos de sentir odio, en su interior crecía la demente esperanza que le trajeron sus padres. Los verdugos prendieron fuego al carro con Azov encadenado. Pronto cayó desmayado por el calor, lo que hizo que la muerte fuera menos dolorosa pues apenas sintió la piel quemándose junto con los huesos. La esperanza había suavizado el transito a otra vida. Tras la oscuridad de su desmayo se vio fuera del cuerpo. Una fuerza casi magnética dirigió el alma hasta el puerto. Allí estaba ella. Amice. Su alma brillaba con belleza y le sonreía con amor. Le esperaba justo en el mismo lugar en el que se conocieron y en el que se separaron. Nadas mas verse se besaron. Sintió una amor infinito y la sensación de haber llegado a casa. Era como si hubieran pasado pocas horas desde la última vez que la vió. Adivinándole el pensamiento ella le dijo “ el tiempo no existe. Es una invención del ego. Lo eterno no se puede medir, y el amor de las almas gemelas es eterno”.                                                                    “ Sabía que éramos almas gemelas Amice por eso me dolió tanto tu perdida. Me volví loco. No supe cómo afrontarlo”. “ Lo sé mi amor. No tienes que explicarme nada. Solo puedo decirte que hay algo que no comprendiste en esta vida y que tienes que aprender para que volvamos a encontrarnos en otra”.                                                La muerte le había confirmado a Azov algunas teorías en las que creía. La reencarnación existía como en algún momento sintió, tratando a alguno de sus pacientes. Más el anuncio de Amice le dejó desesperanzado. Se tendría que separar de ella nada más y nadas menos que una vida entera. Si en esta no había sido capaz de hacerlo unos años, ¿cómo podría aguantar una vida entera?. Ella volviendo a leer sus pensamientos le dijo. “ mira al cielo. Tiene cosas que decirte.”. Azov miro al firmamento y de repente las estrellas comenzaron a danzar creando  imágenes vivas de lo que iba ser su próxima vida. A esa experiencia se llevaría consigo la sensación de traición por parte de los ciudadanos, el miedo a usar el conocimiento en su favor, la sensación de encontrarse solo en el mundo y la rabia de estar en guerra contra todos aquellos que les mostrarán incomprensión. Por el contrario  también se llevaría su sabiduría y la capacidad para aprender así como la  facilidad para encontrar grandes maestros como Gedeón. En el amor idealizaría algunas relaciones como reflejo de la que tuvo con Amice. Más al darse cuenta que ninguna de las mujeres eran como ella, pasaría de flor en flor buscándola hasta ser consciente de que no coincidiría con ella en vida. Esto le llenaría de desesperación y angustia. Pero entonces conectaría con las caracteristicas que sus padres campesinos le trasmitieron. Sencillez, humildad y bondad y su camino se le haría mas liviano. Poco a poco, las estrellas dejaron de danzar en el cielo y las imágenes desaparecieron. Ante sí tenía el un gran desafío por delante. Amice le pregunto: “¿estás preparado?”.

 

El director de cine cerró el cuaderno bruscamente. No quería seguir leyendo mas de esa historia  “Si piensas que voy a hacer una película sobre esta relación lo llevas claro.  El guionista le miró con decepción. “La gente quiere ver comedias románticas en las que haya que pensar poco, y en las que se vende la idea de que conseguir el amor verdadero es sencillo. Lo siento no creo que haya público para este guión” Sentenció el famoso realizador. El guionista cogió su cuaderno con el sentimiento de rechazo a cuestas y con un “gracias por tu tiempo” salió de la oficina del edificio de una centenaria compañía de cine. Quizás con otro director tendría más suerte.

 

El sueño.

Llego la última al harén. Pronto se ganó los favores y la admiración del señor de la casa. El sultán la hizo su favorita. No era más bella que yo, ni que muchas de las que allí estábamos, pero trasmitía una suavidad y dulzura que atraía a cualquier persona que estuviera a su alrededor. Era sencilla y humilde en sus palabras, más tenía una presencia que incluso sin hablar se hacía respetar. Nunca vi una mujer igual. El sultán tampoco, y como era de esperar la vida de palacio se centró en ella. El resto de sus esposas  nos quedamos en un segundo plano, invadidas por el dolor y la envidia. Nuestro señor, tan dado a la variedad, dejó de pernoctar con nadie que no fuera ella. La odiábamos en lo más profundo de nuestro corazón así que decidimos buscar venganza.

Yo era la primera que llegué al harén y la primera esposa del sultán, así que fui yo la organizadora del acto que por desgracia ha marcado mi vida. Decidimos envenenar a Jeneffer, lentamente, de una manera que nuestro esposo no fuera consciente de lo que estaba ocurriendo. Para ello contactamos con Marvas. Una famosa bruja sin ética ni moral, que era capaz de cualquier cosa a cambio de dinero. Famosas eran sus habilidades para realizar embrujos a los enemigos del sultán- Estos, terminaban los  días con extrañas dolencias que ningún médico de oriente era capaz de sanar.

Le llevamos una cantidad enorme de dinero a la siniestra mujer. Ni quería ni podía negarse ante tal ofrecimiento. “En un futuro Jennefer se quedará embarazada del sultán”. Predijo. “ Los días posteriores a dar a luz, haced que se ponga este perfume en el cuello. Es un veneno que estando baja de defensas la irá matando poco a poco. Nadie sospechará. El final le sobrevendrá tras un infarto repentino, sin ningún síntoma anterior. Una cosa más. Tienes que saber que quién elige este camino paga un alto precio. Yo hace tiempo que estoy condenada. Tú estás a tiempo de salvarte. Me he hecho a vivir entre sombras, y aunque manejo un poder y una sabiduría ancestral, estoy tan podrida por dentro que solo espero que la muerte venga a por mí cuanto antes”

Las palabras de la bruja no me impactaron demasiado. Estaba centrada en ejecutar la venganza. “Mi obligación es advertirte que el camino que has iniciado  lleva al desamor». Añadió.

A los 9 meses Jennefer dio a luz a una bella niña. La llamaron Alba. Era el bebé más bonito que jamás había visto. Mis hijos con el sultán (4 varones) siendo bellos, no llegaban a la hermosura de aquella pequeña.                                                                                      Los días posteriores al parto eran el momento de perpetrar nuestro plan. Así lo hicimos. Una mañana en la que Jennefer se hallaba en su aposento amamantando a Alba, le hice llegar nuestro obsequio. El perfume envenenado. Tras darle el veneno que acabaría con su vida, comencé a tener un  sentimiento de asco y de culpa en mí, que me acompañó el resto de la vida. Viendo aquella imagen tan tierna de madre e hija en comunión, no tuve reparos en darle la herramienta de su muerte. ¿Cómo pude ser tan cruel?.

Los efectos del letal veneno no se hicieron esperar. Pasados tres meses Jennefer murió de un infarto fulminante sin previo aviso, dejando a Alba huérfana con poquitos meses de vida. Cómo si la pequeña algo intuyera, dejó de comer dos semanas antes del fatal desenlace. Ver el proceso desde fuera fue horrible. Quería tanto a la niña que ayudé a la madre hasta el día que murió. Por el camino mi envidia por Jennefer también había desaparecido. De hecho falleció justo cuando una amistad profunda estaba empezando a florecer. El día que el corazón dejó de latirle, el mío se detuvo para el amor.  De alguna manera compartimos destino.

Adopte a Alba. Centré mi vida en ella. Tanto que desatendí a mis otros hijos  mayores y mi relación con el Sultán. Volvía a ser su favorita, pero para mí, ya no había más persona  que la pequeña hija de Jennefer. Mantuve en silencio el macabro secreto de las que conformamos aquel harén, pues si el sultán se enteraba nos ajusticiaría a todas. Además, si algo me pasaba a mí, la niña sería cuidada por cualquier otra persona sin el cariño y la atención que yo la estaba dando.

Con el tiempo Alba se convirtió en una bella mujer. Tenía la presencia y belleza de Jennefer. La había cuidado con todo mi amor, mientras que  mis hijos habían dejado de hablarme, y el Sultán se cansó de esperarme. Lejos de lamentarme, en mi fuero interno me sentía merecedora de aquella situación. La culpa seguía horadando mi interior.

Alba era   bondadosa y amorosa. Merecía saber la verdad. Así que el día en que ella cumplió la mayoría de edad le conté todo. Lo que le pasó a su madre, y cómo era Jennefer. Con dieciocho años recién cumplidos y llevada por el dolor y la tristeza dejó palacio y ciudad para jamás regresar.

Mucho tiempo ha trascurrido desde entonces. Anciana, cansada  y sola me encuentro, y cada día recuerdo las palabras de la bruja Marvas. Mi vida toca a su fin, y si hay alguna vida más después de ésta, espero pagar con creces todo el mal que he podido hacer.

Despertó a media noche. Había vuelto a tener el sueño de la Dama del Harén. Siempre le ocurría la noche de después de presentar el guión de la película a alguna productora. No llegaba a comprender porque la historia de aquella mujer le aparecía con tanta nitidez de manera tan sincrónica.

Volvió a quedarse dormido. A la mañana siguiente presentaba de nuevo el guión a un director de cine independiente. Quizás no tenía el boato ni la transcendido de otros, pero era un tipo abierto a todo tipo de propuestas e historias.

El joven guionista llegó a las oficinas de la modesta compañía de cine independiente, de aquel vanguardista creador. Enseguida le hicieron pasar. Durante unas tres horas estuvieron repasando la historia de Azov y Amice. Cada duda del director sobre cómo enfocar algunos de los aspectos y situaciones del guión era contestada por el escritor de manera convincente. Al terminar la entrevista, el director le dijo una frase que le llenó de esperanza “ lo que me acabas de presentar es una historia llena de coherencia y que está en el corazón del mundo. Déjame que me reúna con el productor y le convenza del más que probable éxito como película. No es que me guste tener demasiado en cuenta el dinero, pero la financiación busca sobre todo un porcentaje alto de beneficios. Voy hacer todo lo que pueda. Creo en tu proyecto.” Después de tanto tiempo de rechazos, el guionista solo alcanzó a responder con un tímido “gracias”. “Esta misma tarde me reuniré con el productor. Quiero que mañana a la misma hora te pases por aquí para comentarte que tal han ido las negociaciones. ¡¡Crucemos los dedos!!” Terminó el director de cine mientras le acompañaba a la puerta. Se despidieron estrechándose la mano con una sonrisa.

Al salir del despacho una mujer se encontraba  en la sala de espera. Traía una carpeta entre manos. Seguro que era el guión de una película. El guionista la miró, y experimentó una extraña sensación. ¿Dónde había visto a aquella fémina anteriormente? Ella también tenía una mueca de sorpresa. En su rostro se dibujaron una media sonrisa y unos ojos muy abiertos. Se despidieron con un “adiós”.

Aquella noche el libretista apenas pudo dormir. El pensar que el guión podía ser llevado al cine le mantuvo en vela casi toda la noche. Pero había algo más. Una extraña sensación le rondaba. Era como si no hubiera pillado un chiste. Algo se le estaba escapando. ¡¡¡Claro eso era!!! ¡¡¡La mujer de la sala de espera de la empresa de cine independiente era la Dama del Harén!!!. No tenía ninguna duda. Era ella seguro. La había visto tantas veces en su sueño que no podía estar equivocado. Ahora estaba  emocionado por saber que la historia de Azov y Amice a  lo mejor veía al final  la luz, y por descubrir que una mujer que aparecía en sus sueños existía en realidad. Con esa sensación se quedó dormido un par de horas. Al día siguiente se presentó puntual de nuevo en el despacho del cineasta. Llamó a la puerta y entró. El director le recibió con un abrazo. “¡¡Lo hemos conseguido!! ¡¡Tenemos película en ciernes!!”. El escritor lloró de emoción. Nunca pensó que llegaría ese momento. “Toma asiento”. Le dijo el director mientras le acercaba un vaso de agua. “Vamos a esperar a otra persona que como tú también tiene una gran noticia que recibir. Tiene que estar al llegar”.

A los cinco minutos otros nudillos golpearon en la puerta de aquella dependencia. En la habitación entró la mujer que el día anterior se encontraba en la sala de espera, a la que el libretista había identificado como la Dama del Harén. El cineasta la recibió de la misma manera que a él, pues el productor había dado luz verde al guión que había presentado para realizar una película. Se sentó emocionada sin darse cuenta de quien estaba junto a él en el despacho. Al verle emitió un gesto de asombro. El sonrió. Los dos guionistas se conocían mutuamente.

Él escribió un guion sobre la historia de Azov y Amice, y cada vez que lo presentaba a alguna cinematográfica soñaba con la historia de la Dama del Harén a la noche. Por el contrario, ella escribió un guión sobre la historia de la Dama del Harén y cada noche después de presentarlo  en una compañía de cine soñaba con la historia de Azov y Amice.

Él la identificó como la Dama del Harén, ella le identificó como Azov. Después de aquel encuentro se intercambiaron las historias y los teléfonos. Algo mágico estaba pasando pues cada guión coincidía con el sueño del otro. Todas las piezas encajaban y aquel día iniciaron una relación de pareja.

Lo que no se verá en las películas.

» Azov volvió a vivir, sin ser consciente de quién era. Tras la vida en la que nos amamos, le queda un camino que realizar. En la siguiente existencia potenciará más su creatividad y sacará a relucir la energía femenina que compartió conmigo, solo que en esta situación la ofrecerá al servicio de las personas que se irá encontrando en el camino de la vida. Su gran prueba vendrá a la hora de gestionar la energía masculina, porque al usarla de  errónea en su vida anterior, le acabó destruyendo.

Sé que es capaz de hacerlo. Su corazón es tan puro que acabará domando al intelecto. Amará a otras mujeres y a medida que vaya desarrollando la capacidad de  servicio y la humildad, se irá acercando a la que será  su compañera de vida. Ella le hará padre de un niño y una niña después de mucho tiempo.

Lejos de entristecerme, me alegra. Amo a Azov por encima de todo. Es cuestión de tiempo que volvamos a encontrarnos. Yo le esperaré. Lo nuestro es eterno, aunque en la película, la historia de Azov y Amice, tenga un fin.

Fdo: Amice.

 

“Estoy delante de la tumba de la mujer que me crió. Sé que no es mi madre biológica pero conmigo fue todo amor. Hay quien me dice que fue la culpa la que le hizo ocuparse de mí. En mi fuero interno sé que me amó sin condiciones. Si no hubiera sido así, no me hubiera contado la verdad sobre la conspiración de las mujeres del harén contra mi verdadera madre. Ella tuvo un papel protagonista. Sin embargo su  arrepentimiento  la define como la gran mujer que fue. La perdoné hace tiempo, la vergüenza me alejó de volver a verla. Aquí delante de su tumba,  la tristeza llena mi corazón. Mis dos madres se han ido. A la primera no la conocí y de la segunda no me despedí. ¡¡Ojalá la vida me dé la oportunidad de volver  a coincidir  con ellas!

Fdo: Alba.

 

 

Hay veces que los deseos se hacen realidad…

 

La noticia.

 El 24 de Agosto de 2015, la sección cultural de un telediario del Estado de Carolina del Norte presentaba la siguiente información.

El segundo hijo de Julianne Harenia y Michael Azovnov ha nacido. A las 9.30 de esta mañana,  un niño de unos tres kilos y medio llegaba al mundo. La famosa pareja de guionistas del cineasta Esteven Gedeonics, han sido padres por segunda vez. A la pequeña Alba de un año de edad se une ahora George.                                  Está vez el nombre ha generado menos suspicacias, pues ningún George aparece en los guiones de los afamados escritores de películas,  como ocurrió con la pequeña Alba.                                 Hay quien  ha  llegado a afirmar que las historias de la pareja son reales, y que responden a su recorrido existencial de esta y otras vidas. En cualquier caso el debate está servido. ¿Qué opinan ustedes al respecto?.

¿Qué opinas tú al respecto?.

 

 

 

 

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