El guerrero del corazón

Era un joven guerrero que pensó haber perdido el honor. Por ello en un acto de huida existencial decidió clavarse la espada.  Consideraba que llevaba el tiempo suficiente en la propia guerra personal  como para comprender ciertos aspectos del combate que todavía se le seguían escapando. Estaba cansado, desorientado y muy asustado, así que se rindió de la peor manera posible: Considerándose el enemigo.


Pero como en el interior también latía un corazón valiente no tuvo la fuerza suficiente para dañarse de gravedad, quedando tumbado boca abajo mientras una parte suya le reprochaba que ni fuerza tenía para matarse. En ese lapsus de tiempo se sintió apabullado por lo que acababa de hacer. Había estado muy cerca de quitarse su don más preciado. La vida.

En algún momento que no recordaba había comenzado a llover de manera torrencial y al no querer buscar cobijo, allí se quedó tumbado recibiendo el chaparrón. El agua que caía del cielo era diferente esta vez, pues hizo algo muy importante. Refrescarle las ideas.  Era consciente que su impulsividad nacía de otras aguas más profundas. La de sus propias emociones. La serenidad llegó entonces, aunque seguía asustado por lo que podía haber hecho. Incorporándose empapado, observó el sol en lo alto. Por primera vez en mucho tiempo sintió todo el calor y la fuerza de aquel potente astro y recordó que nació el día que regia aquel cuerpo celeste: el domingo. Más la fuerza que le otorgaba el sol no era suficiente. Su gran handicap era la dificultad para establecer estrategias claras en sus luchas internas. Así que pidió al universo que le enviara alguien que le pudiera guiar en su propósito. La respuesta no se hizo esperar.

A los pocos días, por allí apareció un hombre. Su aspecto no era nada fiero. Ni muy alto, ni muy fuerte. Ni siquiera llevaba una armadura. Su indumentaria era amplia y de color blanco y en su espalda se averiguaba una ligera espada.  Acercándose le dijo. «Tú me llamaste y aquí estoy. El primer mandamiento que cumple un guerrero del amor es servir a los demás».
Arrodillandose ante él,  le presentó  respetos. «¿Por que te arrodillas ante un cobarde como yo?» Preguntó nuestro protagonista. «Porque has tenido el valor suficiente para pedir ayuda y me das la oportunidad de definirme una vez más como guerrero del amor». Ante esta respuesta el joven comprendió que aquel hombre no era un guerrero cualquiera y decidió confiar.

» No se cómo te llamas guerrero, lo único que te puedo decir es que el miedo nubla mi mente, y eso hace que no sepa elaborar ninguna plan de vida».
El misterioso guerrero volvió a acercarse, y le puso la mano en el corazón. Pronto la extremidad del desconocido se llenó de llamas. » Tienes un fuego poderoso en tu interior amigo mío. Siento que no se trata de un tema de estrategia más bien de confianza. La luz del sol refleja en tu corazón. Tu mayor miedo es a sacarla al exterior para guiar y liderar». » ¿Cómo puedo guiar y liderar a alguien, cuando no soy capaz de guiarme ni liderarme a mí?». » Confía en ti mismo. El corazón es tu gran arma. Ni espadas ni armaduras. Sólo el corazón. ¡¡Atácame con tu mejor golpe!!». El sabio guerrero acababa de retarle.  Dubitativo, el joven sacó la katana y lanzó un ataque furibundo contra aquel peculiar contendiente . Éste se movió con gran velocidad, y no sólo evitó el ataque sino que además desarmó a su adversario desenfundando una espada de bambú sin filo.

Asombrado el desarmado luchador preguntó. » ¿Cómo lo has hecho?». » La armadura es pesada, casi tanto como la espada. Has de liberarte del peso de la culpa y de todas esas creencias de lo que crees que es un guerrero. Serás más ligero y más liviano, y lo que es mejor, más amoroso». » Si me quitó la armadura me dañarán». » Es el miedo a mostrar amor lo que te daña. Protegerte del amor es la peor de las elecciones».

Hábilmente, el amoroso contrincante, se despojó de  la camiseta y mostrándole una cicatriz que poseía en el abdomen. » Hace algunos años tomé una decisión parecida a la tuya y casi me sale bien. Pasado mucho tiempo comprendí que hubiera sido un error privar al mundo del amor que le podía aportar, y esta cicatriz se convirtió en el recordatorio de mi nueva vida».

Aquel hombre mostraba vulnerabilidad y debilidad, y sin embargo irradiaba una fuerza y serenidad descomunal.
El muchacho estaba impactado. Alguien con su aspecto y con esa facilidad para mostrarse tenía más presencia que cualquiera de los guerreros temidos que había habido a lo largo de la historia. Siguiendo el ejemplo del maduro contrincante,  comenzó a quitarse la armadura y lanzó su pesada espada al vacío. En el interior había  comenzado a comprender que la única guerra que debía liberar, era la del amor.

«Coge un palo». Le espetó el misterioso hombre. El joven obedeció. » Ahora atácame». El chico sintiendo liviandad y rapidez, propinó un devastador golpe en el pecho de aquel extraño guerrero, que le hizo caer al suelo. Éste, desde su posición comenzó a reír, acertando a decir. » Bienvenido al club amigo mío».  El joven se preocupó por su estado ayudándole a levantarse. » Tranquilo. El segundo mandamiento del guerrero del amor es que si hemos de recibir algún golpe, que sea un golpe desde el corazón».  Calmándole, abrazó con fuerza al chico, susurrándole al oído » usa tu fuego interno. La estrategia es control, el corazón intuición. La vida es un misterio en el que nuestra guía está en el interior de nuestro pecho».   Dicho esto, el guerrero del amor comenzó a convertirse en luz del sol hasta formar parte del astro rey . La fuerza y esperanza comenzaban a anidar como nunca antes en el joven pupilo, lo que hizo que decidiera emprender viaje en buscas de personas a las que ayudar. » Al fin y al cabo el primer mandamiento de un guerrero del amor es servir al prójimo».

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