Omaita

Llegamos al mundo uno por cesárea y el otro por fórceps, lo que podría explicar tu dificultad para desapegarte de nosotros, y la nuestra para tomar decisiones importantes. Luego nos diste todo el amor que supiste darnos y el que da todo lo que puede no está obligado a dar más.

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Criar a dos niños que se llevan tan poquito tiempo (un año y catorce días) no ha de ser nada fácil y tú lo lograste. Siempre nos cuidaste con mucho cariño y protección, y en algunos momentos de nuestras vidas estuvimos muy enmadrados. Quizás las mejores anécdotas que recordemos sean los de risas y complicidades. Todavía surgen las carcajadas cuando rememoramos como eras capaz de pronunciar palabras extranjeras como te daba la gana. Por no hablar de la vez que te compraste unas zapatillas de estar en  casa con suela de gomaespuma. Las zapatillas eran tu herramienta disuasoria ante cualquier conato de pelea, pero cuando te compraste ese último modelo Made in Mercadillo, más que disolver la pelea que podríamos estar teniendo Gonzalo y yo, lo que provocabas era que acabáramos muertos de risa por el suelo porque los impactos de las zapatillas no nos dolían. Eso sí. Aprendiste rápido y recurriste al palo de la escoba.

Si de algo se compone nuestra educación a tu lado es de buenos y entrañables momentos. Tiene mucho mérito que una mujer rodeada de tres hombres (papa también tiene lo suyo) haya sido tan amorosa gran parte del tiempo. Aunque sí te digo una cosa. Cuando Gonzalo y tú os poníais a inventarme novias del colegio, me sentaba fatal. Quizás por eso solo hayas conocido a una de las que he tenido siendo mayor (no te asustes, no ha habido muchas). Los años han pasado y los hijos hemos crecido. Gonzalo es un padrazo de familia enamorado de sus pequeñas bebas, y yo soy un hombre maduro con canas en la barba (a falta de en la cabeza). Sé que a ti te da pena que esto suponga vernos menos, y que no llevas excesivamente bien la separación, pero, tienes que tener en cuenta una cosa: TE QUEREMOS.

Has trabajado mucho para que no nos faltara nada en casa. Te has llegado a olvidar de ti misma por el hecho de cuidarnos. Ahora te toca descansar. ¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste a ti y hacer las cosas que te gustan?. Mamá ha llegado ese momento. No tenernos en casa es otra etapa diferente y  aunque no nos veas, no quiere decir que te hayamos olvidado en nuestro día a día. Todo lo contrario. Crecer hace que sintamos más que nunca el amor de lo que has hecho por nosotros.

Algunas veces caes en el pobre de mí o tratar de usar el chantaje emocional, pero tu corazón es grande y tarde o temprano te darás cuenta de ello. Y si no es así, te querré también. Mamá de ti tengo muchas cosas. Comprensión, cariño, cercanía, sentido del humor… pero has hecho algo que ninguna mujer va a poder hacer por mí (ni siquiera mi venerada Megan Fox). Me has dado la vida. Gracias por ello y por todos los regalos que he recibido de ti. Mi mejor manera de quererte es ofrecer todos esos dones a los demás, para que ellos sean también participes de la madre que tengo. ¡¡Viva la madre que me parió!!

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