Una Pradera. Un Colegio.

Hace ya algún tiempo, en este mismo lugar, cuando ni las calles existían, había un bello campo lleno de flores y algún que otro árbol.
Era una pradera tan verde como la de San Isidro, o como las que podemos disfrutar en algunos de los parques de nuestra preciosa Villa.

 


Hasta aquí venían familias enteras, parejas, grupos de amigos etc…llenos de alegría y despreocupación. La naturaleza agradecía la visita diaria de todas aquellas personas mostrando toda su belleza y esplendor. Se puede decir que en este apartado de Madrid se producía un bonito milagro, pues había un gran número de flores todo el año, como si de una primavera continúa se tratara.
Pero la vida responde a ciclos, algunos menos agradables que otros, y a esta primavera le sobrevino un invierno artificial. La calidez y los colores de este bendito lugar fueron sustituidos por la fríaldad del odio y la oscuridad de las armas. La guerra había comenzado en nuestra ciudad e invadía todos y cada uno de los lugares. Hasta este rincón del mundo también llegó la sombra de la tristeza y la desolación. A consecuencia de ello, las flores se marchitaron, los árboles murieron y la tierra se torno gris. Nada quedaba aquí. Nada de aquella bella pradera. Era como si una sombra perversa hubiera fagocitado la alegría que iluminaba este pequeño terreno.
Pero la vida responde a ciclos, algunos más agradables que otros, y a este invierno artificial le sobrevino una primavera llena de magia.
La guerra finalizó y a estas tierras llegaron un grupo de frailes conocidos por su facilidad para hacer magia. Los llamaban los Carmelitas y pronto comenzaron a realizar una serie de construcciones sobre el paraje desolador que había quedado. En poco tiempo construyeron un colegio y una iglesia y volvieron a conseguir que en este rincón del mundo brotaran flores en forma de niños y niñas, acompañadas por árboles, en forma de profesores, y que las familias volvieran a visitar lo que hace algún tiempo era una bella pradera. Desde hace 50 años, el milagro se vuelve a producir. Como lo consiguieron los Carmelitas?. No se sabe, por eso la calle del Colegio Santa María del Carmen se llama Calle de los Misterios

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