Mi padre: Clint Eastwood

En los últimos años he hecho pública más de una vez mi admiración profunda por la figura de Clint Eastwood.
Todo empezó tras ver una de las películas de las que es actor- director llamada “Un mundo perfecto”. La sensaciones que tuve tras el visionado del film fue que el otrora mal encarado cowboy representante máximo del Spaguetti Western escondía mucho más en su interior que un revolver. Me sorprendió tremendamente la calidez y humanidad de la historia que contaba, y la de su papel del Sheriff del condado. En ese momento fui consciente de la tremenda dimensión de Clint como persona.


Bajo mi punto de vista no se puede comprender a Eastwood sin su anterior carrera de actor. Los papeles como detective implacable, cowboy despiadado, sargento de hierro, espía del FBI y prófugo de Alcatraz (entre otros) modelaron lo que vendría después. Un director que pasó a contar historias relacionadas con esos mismos personajes desde la perspectiva de la experiencia que dan los años. Así, no es raro que en las interpretaciones de los personajes que ideó para sí mismo en sus películas, haya soldados retirados, cowboys venidos a menos, detectives a punto de la jubilación y padres de familia viviendo en soledad como consecuencia de un difícil carácter. Se puede decir que se convirtió en el antagonista de lo que en otro tiempo fue. Se convirtió en un antihéroe.
Es en esta su última etapa, cuando Clint presenta a un hombre más emocional dentro de la dureza y rigidez. Un cascarrabias entrañable que sabe amar a su manera a quien le da la oportunidad.
Como soy analítico por naturaleza (o muy Virgo que dirían otros) busco resquicios de luz en todo lo que rodea a las cosas que me hacen sentir. No es casual mi admiración por esta gran figura del cine. En cierta manera encuentro un paralelismo entre lo que representa Eastwood y la relación con mi padre. Puede sonar muy a psicoanálisis pero la vida está cargada de metamensajes que nos conectan con cosas más profundas que ver una simple película.
El gran cineasta pertenece a una generación de hombres que maduraron con posterioridad a grandes conflictos bélicos a nivel mundial. El ejemplo que recibieron es el del varón que controla o esconde sus emociones y que antepone sus objetivos y metas a lo sentimental. Por la situación social que les tocó vivir tuvieron que hacerse duros y afrontar la vida de manera menos dulce que los que vinimos después. Mi padre pertenece a la generación de Clint y al igual que él, ha sufrido una transformación con el tiempo.
Hubo momentos de la vida en la que su determinación y vehemencia podría recordar a la de pistolero de La Muerte tenía un precio, por como nos señaló el camino a los que estábamos cerca. No aceptaba concesiones ni quejas. Lograr objetivos era lo mas importante. Con los años comprendí que esa manera de guiarnos era su manera de prepararnos para la vida y ahora pasado el tiempo, agradezco en parte la disciplina de la que me dotó.
En los últimos años (al igual que Clint) papa (si se me permite la cercanía) es mucho más accesible. El ser abuelo le ha hecho volver a comportarse con dulzura. Es mas receptivo a comunicar como se siente, pero desde un control emocional muy potente. Sigue teniendo mucho carácter ( solo hay que ver un telediario a su lado para darse cuenta) pero es mucho mas flexible. ¡¡Hasta se ha vuelto mas cariñoso con mi madre y muchas veces los podemos encontrar acaramelados como a Clint Eastwood y Meryrl Streep en Los puentes de Madison!!.
Tengo la certeza de que mi veneración por Clint es también la que siento por el hombre que me trajo al mundo. Son la cara de una misma moneda y el reflejo de una masculinidad con un sentido de la responsabilidad muy marcado. Clint y mi padre no lo han tenido fácil pero en mi opinión han contribuido a dejar el mundo mejor que como lo encontraron.
A veces en mis paranoias creativas imagino a mi padre diciéndome a lo Harry el Sucio: » Dime algo que me alegre el día». Y solo se me ocurre una cosa que decirle » te admiro papa Clint».

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