La Cúpula y el nucleo

Había una vez una gran ciudad, en la que los ciudadanos mas ancianos y sabios, vivía en el centro de la urbe, conocido como el Nucleo. Esta manera de estructurar la ciudad era una hermosa tradición, pues aquella sociedad se valoraba sobre todo la experiencia y los años vividos de los habitantes.

El Nucleo, poseía las mas bellas casas con las mejores comodidades. Cualquier lujo era merecido para los ancianos y ancianas que allí vivían, pues habían hecho psoible el progreso y mantenimiento de la ciudad.

En la perifería del Nucleo, vivían familias jovenes de los hijos y nietos de los que pobablan la centrica zona.Todos los sabados como gesto de respeto, se celebraba una fiesta celebración en honor de los ancianos. Las gentes cantaban y bailaban canciones dedicadas a ellos, así como guardaban cola para abrazarles uno por uno al final del día. Todo el mundo giraba alrededor de los vetustos habitantes.

¿Donde estais?. ¿Donde estais?. ¿Por que no puedo veros?. ¿Por qué no puedo salir de este lugar?. ¿Ya no me quereis?. ¿He hecho algo mal?.

Era un autentico trasto. Siempre la estaba liando. Si buscabas en el diccionario la palabra hiperactivo, aparecía su foto. Le llamaron Manuel, y era un terremoto natural de ocho años que revolucionaba tanto su casa como la ciudad entera. Los ancianos le adoraban, por su espontaneidad y alegría. Siempre le decían a sus padres «este niño es especial». Especilamente inquieto pensaban ellos. Pero Manuel era diferente. Hacía fuera parecía un caballo desbocado. Hacía dentro, su alma se asemejaba a un manantial calmado lleno de serenidad. Estaba lleno de una sabiduría y unas capacidades que le aterrorizaban. Por eso motivo, se pasaba mas tiempo jugando y en movimiento, que prestando atención a sus capacidades. Aún así. Dos mensajes llegados de la providencia, llegaron a su mente. Dicha información adelantaba que algo muy grave iba a pasar, y que él, el pequeño Manuel, tendría un papel protagonista en la situación. 

¿No hay manera de hacerles llegar, que pase lo que pase con ellos, les seguiremos amando?. La Cúpula es del todo infranqueable.

En todas las historias idilicas, en las que se presenta un paisaje tan armonioso, existe un hecho lo suficientemente extraño y potente, que pone patas arriba el estatus quo. A aquella gran ciudad llegó una gran nube oscura que no solo se posó sobre ésta, sino que además llevó la enfermedad al lugar. Arribó a mediados del invierno sin presagio ni preparación para los habitantes de la urbe. No solo se colocó sobre la ciudad, sino que comenzó a descender, llenando de oscuridad y dolor donde tocaba. La bruma que provocaba al llegar al suelo generaba una especie de virus maligno que afectaba sobre todo a las personas de mayor edad.

La situación era de una gravedad sin precedentes, pues muchas personas comenzaron a fallecer, por el efecto de aquel nimbo oscuro.

Había que proteger a los vetustos sabios como fuera. Más ¿de qué manera?. Situaciones desesperadas conllevan medidas desesperadas. Los aqrquitectos del pueblo idearon una construccion de protección para ellos. La llamaron La Cúpula. 

Aquella estructura de cristales oscuros protegería a los ancianos de la nube, pues la aspirarían fuera del Nucleo, y así quedarían a salvo hasta que esta se difuminara con su enfermedad por completo. El proceso se llevó a cabo, con la maldita fatalidad, de que se colocó La Cúpula, con parte de la nube dentro. Además resultaba del todo imposible volver a elevarla. La situación era desesperada.

«Los niños son el recurso mas importante del mundo, y la mejor esperanza para el futuro.» John Fitgerald Kennedy.

Manuel estaba muy nervioso. Observaba todo lo que estaba sucediendo sintiendo espanto. Echaba mucho de menos, a los abuelos y abuelas del pueblo, que tanto le querían. Además, estaba asustado pues el pequeño había nacido con el don de escuchar las voz de aquellos que no se pueden ver y velan por nosotros: los ángeles. Aquellos días le dirigían mensajes una y otra vez, con claridad y profundidad. Según le informaban, muchos de lo ancianos de la ciudad estaban muriendo sin marcharse a la luz, pues esperaban a que sus familiares y amigos fueran a despedirles. Se sentían culpables y abandonados. Mientras los que seguían con vida vivían con terror el trascurso de los días. Fuera de La Cúpula, la gente estaba desesperanzada pues intuían lo que podía estar pasande dentro del Nucleo sin poder verlo. Sin embargo Manuel, sentía que algo se podía hacer. Así que por primera vez, escuchó sin salir corriendo o sin ponerse a jugar a los guías que le habían elegido como depositario de su sabiduría. Estos le pidieron que recitara una oración en silencio.

» Pues a sus angeles mandará cerca de tí. Que te guarden en todos sus caminos». Salmos 91:11

Cada una de las personas de la ciudad estaba delante de La Cúpula con fotos de familaires y amigos en las manos. Desde una solemne ausencia de palabras, todos centrados en la energía del corazón, recitaron con amor en su interior la siguiente oración.

» Que el amor que nos une, derribe las murallas del miedo,            que el amor que nos une, acerque nuestros corazones,                    que el amor que nos une, nunca nos separe.»

Aquella silenciosa plegaría comenzó a desquebrajar la cúpula y hacer desaparecer la nube como bien había comprobado el pequeño Manuel la primera vez que la reprodujo en su interior. Más si la tremenda estructura caía podría matar a los ancianos y ancianas que habría debajo. Sin embargo, el plan de la providencia y de los angelicos  aliados del pequeño eran otros. Según la amalgama comenzó a caer, los seres alados iniciaron un proceso de recogida de los materiales que se estaban desprendiendo, poniendo a salvo muchas vidas. Fueron veinte minutos de gran intensidad. Cuando La Cúpula ya había desaparecido, una luz enorme comenzó a irradiar del Nucleo de la ciudad haciendo desaparecer la nube por compelto. Era como si el sol saliera con gran fuerza después de muchos días de noche oscura. De la luz surgieron los supervivientes de tan duros días, así como un grupo de angeles que llevaban de la mano las almas de los que allí habían muerto. Desde esa situación miraron a sus seres queridos y se despidieron cantando una hermosa canción mientras subían al cielo:

«El cielo me aguarda                                                                                  ya no lloreis por mi alma                                                                       pues me voy en paz                                                                                        con quien me guarda.                                                                            Hasta el final me habeis amado                                                          como yo a vosotros que os he adorado.                                               Nietos e hijos, parto a la fuente                                                                    volveremos a vernos, sed muy fuertes.

                                                                                       

La emoción de lo que allí se estaba viviendo llenó de lagrimas los ojos de los asistentes a aquel milagro. El corazón rebosante de todos y cada uno de los asistentes había iluminado el lugar guiados por un pequeño, cuya fe y esperanza habían cambiado el futuro de la ciudad.

Los años pasaron y nadie quisó dejar constancia de lo acontecido en la ciudad. ¿Nadie?. Solo un hombre que en algún día fue un pequeño terremoto dejó por escrito la historia de la Cúpula y el Nucleo. De sus fuentes bebí para escribir este cuento, mas para terminar me gustatía compartir el mensaje que aquel adulto dejó sobre lo vivido en aquellos días. Para mi leerlo, fue un regalo:

«Cuando las crisis llegan, el riesgo de separación y lejania de la gente a la que amamos hace acto de presencia. Es en estas situaciones cuando la consciencia nos hace sentir, que ni las guerras, ni la muerte, pueden romper el vínculo de amor de aquellos que han tocado nuestro corazón. No hay nadas mas infinito que el amor que nos tenemos». Manuel.

 

 

 

 

 

 

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