Estrellitas de Belén

Había tardado nueve meses en llegar a una velocidad superior a la de la luz. En aquel lugar residiría por muchos eones.          Comenzaba así su nueva etapa como cuerpo celeste. Atrás quedaban los días de estrella fugaz.

Pronto llamó la atención de las demás luminarias del lugar, pues eran mucho más viejas, más grandes y menos luminosas que nuestra pequeña amiga. Por eso mismo, la mimaban, la arropaban, la llenaban de cariños y carantoñas.¡¡Era una estrellita tan brillante, tan frágil, tan graciosa que todas estaban encantadas con ella!!.¡¡Era tan tierna, tan especial!!.

Los años fueron pasando y la pequeña creció en tamaño y luz, rodeada de afecto y protección. Pero llegó un día que lo cambió todo. Un día que nuestra pequeña amiga no olvidaría. Un día que cambió la historia y la situación de la estrellita dentro de su grupo de cuerpos celestes.

Los astros que allí vivían decidieron convocar una fiesta de fecundación. En dicho acontecimiento, las estrellas adultas lanzaban semillas de luz al universo. Si esas simientes encontraban las condiciones adecuadas, se generaba un pequeño corpúsculo luminoso, que poco a poco se convertía en una pequeña estrella fugaz. La nueva forma de vida viajaba a lo largo de nueve meses por espacio, hasta llegar al lugar desde donde había sido reclamada.

Así fue. Y así pasó. Nueve meses tardó en llegar a aquella ubicación sideral una diminuta estrella fugaz, que acabó ocupando un lugar en la familia de astros que allí se encontraban.

A nuestra protagonista no la hizo ninguna gracia la llegada, pues las atenciones hacia ella disminuyeron considerablemente, al ser ahora otra el foco de atención.

Se sentía triste pues pensaba que ya no le importaba a nadie. Pero su percepción estaba equivocada, pues había mucha diferencia entre dejar de ser el centro de atención, y que sus compañeras no la amasen.

La pobre estrellita no era capaz de darse cuenta y sufría comportándose con mucha rebeldía. Por ejemplo, lucía cuando le daba la gana y si podía le lanzaba intensas ráfagas de luz a la pequeña recién llegada para molestarla.

Esta actitud lejos de ser una solución, le trajo muchos problemas con alguno de los cuerpos celestes que con ella convivían. «¡¡Que luminaria tan caprichosa!!», «¡¡es una envidiosa!!» decían. Pero no era ni una cosa ni la otra. Era simplemente una pequeña estrellita asustada por el miedo a que la dejaran de querer.

Pasó el tiempo y desde muy lejos llegó un Ángel Redentor con toda su majestuosidad. Sus alas desprendían un halo de luz blanca tan potente o más que las de las estrellas allí presentes. Su entrada estuvo cargada de fuerza y serenidad. Allí se posó, en el espacio vacío mirando con una bella sonrisa a nuestra querida protagonista.

Dirigiéndose a ella la preguntó. «¿Como estás pequeña? Te noto molesta.¿Alguien copa la atención que en otro tiempo fue para ti?».

Nuestra protagonista molesta no contestó. «¿Acaso no quieres hablar conmigo?. Tengo un encargo muy importante que hacerte». «¿Un encargo?¿De que se trata?» respondió con sorpresa. «¡¡Pero bueno si sabes hablar!!». Rió el Ángel. » Un gran acontecimiento esta por ocurrir. En un planeta muy lejano va a nacer un niño muy importante. Necesitamos que con tu luz guíes a mucha gente al lugar donde va a suceder». «¡¡Genial!!.     ¡¡Eso está hecho!!» Respondió la pequeña. » Pero hay una gran condición, la pequeña luminaria recién llegada nos acompañara. Ella nos ayudará en esta bonita misión». «¿Nos ayudará?». » Si. Yo voy con vosotras. Vuestra luz guiará hasta el niño mientras que yo lo anunciare de viva voz».

Así fue. Tras varios meses las pequeñas estrellas atravesaron parte del universo junto al angel, hasta llegar al planeta Tierra. Por el camino se habían hechos muy amigas, tanto que desde ese día se convirtieron en inseparables.    Como estaba establecido la estrella mayor guió a las gentes hacia un humilde portal de un lugar llamado Belén. Mientras, la estrella menor se posó encima de aquel sencillo lugar iluminando a la nueva y sagrada familia.

Una vez cumplida la hermosa misión, volvieron al hogar.                                 Cuenta la leyenda que en la Osa Mayor existen dos diminutos cuerpos celestes que se desprenden de su ubicación para alegrar nuestros días en Navidad. Sus nombres son Lucía y Alicia y si tienes la suerte de verlas es que te esperan momentos muy felices estos días.

¡¡Feliz Navidad!!.

 

 

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