El amor y sus colores

Ella era una chica que plasmaba su sentir dibujándolo. Había veces que le costaba expresar de viva voz su emoción o localizarla, y eso la hacía vacilar y temer. Pero con un lápiz en la mano, una hoja y pinturas delante la inseguridad dejaba paso a la creación. Daba libertad a su corazón y llenaba la blancura de los folios con lo que llevaba dentro de su profundo corazón.

Se podía decir que era una sentimental de incognito cuyo carnet de identificación eran los dibujos que realizaba con toda la sensibilidad del mundo. Un día fue a comprar más material para seguir creando. Una amiga le había aconsejado una tienda de Artes plásticas que había en La calle los Misterios. Su nombre: El color de la vida. El local era muy peculiar. Había pinturas, lápices y carboncillos de marcas nada conocidos y colores tan extraños como pueda ser el rojo salmón o el blanco nuclear para un hombre. Era todo muy raro.

Inquietante cuanto menos. El dueño tampoco pasaba desapercibido. Su nombre era Diego Loson. Y su aspecto era algo así como la figura de Punset vestida por Agatha Ruiz de la Prada. Daba la sensación de que esa tienda de dibujo fuera propiedad de un daltónico. Eso sí, era muy amable. Ella le explico a don Diego la conexión que experimentaba su interior con el exterior cuando sus manos trazaban formas de todo tipo completando las más bellas imágenes. Y Don Diego ( al que se le podía confundir con el payaso de micolor) asentía comprensivamente porque sabía perfectamente lo que es la pintura para muchas persona como nuestra protagonista.

En algún momento de la conversación Rachel ( que así se llamaba nuestra artista) se fijo en una caja dorada que había en el mostrador. “¿Qué tipo de pinturas y lapices son?” Preguntó. “No están en venta. Son luminosos en todos los sentidos, y si la luz es verdad…pueden suponer un choque tremendo para la persona que los usa”. “Creo que no lo comprendo.” “Traducido. Estos lápices y pinturas dan vida a lo que se dibuja”. Evidentemente ella pensó que aquel hombre debía cambiar de camello porque la droga que le estaban vendiendo no era muy buena, pero aun así la dichosa caja levantaba mucha curiosidad en nuestra protagonista. En ese momento llamaron por teléfono y Don Diego fue hacia a la trastienda a atenderlo. Rachel había visto la peli de la Historia Interminable y como si de Bastian se tratara tomó prestada la caja y corrió fuera de la tienda como una delincuente habitual. La adrenalina le recorría todo el cuerpo. Acababa de experimentar lo que sentían muchos de los chicos y chicas que aparecen en Hermano Mayor. Pero aunque ella siempre se movía dentro de la legalidad, su afán aventurero pesó más.

Llegó a su casa con el corazón bombeando a una velocidad tremenda y rápidamente se metió en la habitación. Abrió la caja y en ese mismo momento, un lápiz saltó fuera y la saludó. Rachel en ese momento dio un salto hacia atrás acompañado de un grito y pensó que haberse hecho vegetariana no había sido buena idea. ¡¡Tenía visiones extrañas!!. Pero la voz volvió a saludarla. “¡¡¡Que fuerte!!!¡¡¡Eres un lápiz que habla!!!,¡¡¡ pero los lápices no hablan!!!.” Dijo ellá “Tampoco la chicas buenas roban”. Contestó el lápiz con sorna. “Las chicas buenas van al cielo….las malas a todos los sitios”. “Esa frase la pusiste hace tiempo en tu facebook. “¡¡Pero bueno!! ¿tú que sabes de mi?!!. “¿Y tú que sabes de ti misma?”. La pregunta del lapicero dejó sin habla a Raquel porque cierto era que muchas veces no sabía lo que sentía o lo que quería. “No te preocupes Rachel el autoconocimiento es algo complicado en algunos momentos y además dura toda la existencia”. “¿Por qué se supone que estás aquí?”. Preguntó ella. “El profesor aparece cuando el alumno está preparado, y hay una lección que toca aprender”. “El dueño de la tienda me dijo que sois capaces de hacer real lo que yo dibuje con vosotros, ¿Qué puedo aprender de eso?”. “ En vez de responderte creo que es hora de que dibujes. Dibuja algo que quieras se haga realidad”.

Ella se puso manos a la obra rápidamente. Se dibujó a sí misma al lado de un apuesto caballero. Su deseo más profundo era encontrar el amor de pareja, pero no lo hacía saber a mucha gente por si la consideraban cursi. El lápiz al que utilizó varias veces, esbozó una sonrisa al final viendo el resultado y afirmó: “ El sueño de muchos seres humanos. Tener alguien que os quiera y comparta la vida con vosotros” “ Lo cierto es que si en algo creo es en el amor, pero me da tanto miedo que me bloquea”. “Veamos por qué ocurre eso. Presta atención”. Añadió el mágico utensilio. En ese momento las imágenes se pusieron en movimiento como si fueran una película. Rachel conocía a un chico y se enamoraban. La relación iba bien hasta que a ella le surgían dudas porque el hombre en cuestión se desvivía en detalles olvidándose de él mismo y eso agobiaba a Rachel. El aumentaba entonces sus atenciones y ella se sentía superada por la situación. No sabía qué hacer. Por un lado sentía que se asfixiaba sin libertad y por otro se agarraba a la seguridad que suponía que la quisieran tanto. Al final la relación se terminaba de manera brusca y la herida en el corazón de nuestra protagonista se acrecentaba, porque pensaba que no sabía amar o que no tenía claro lo que quería.

Rachel se quedó petrificada ante lo que había visto: “ esa película la he vivido algunas veces, pero no acabo de comprender porque siento eso cuando estoy con alguien de ese tipo. ¡¡Toda mujer quiere un hombre que esté pendiente de ella de esa manera!!” “ Ya veo que las películas y canciones románticas han hecho diana en tu cabeza, pero no en tu emoción”. Contestó el lapicero. “¿Qué quieres decir?. Preguntó Rachel. “ En tu cabeza tienes un prototipo de hombre inculcado por la sociedad en la que vives. Responde a ciertos arquetipos y a ciertos comportamientos. Soléis llamarlo príncipe azul. Pero tu emoción que es tu sentimiento real, no acompaña a este tipo de pareja. Disfrutas poco de lo que estás viviendo y al final la relación se convierte en un sube y baja emocional. La Warner tiene montañas rusas mas grandes pero que dan menos vértigo que en la que montas tú cuando tienes este tipo de pareja” añadió el lápiz sabiamente.
“ ¿Quieres decir que no hay congruencia entre lo que siento y lo que pienso?” “ Veo que eres castaña clara. No rubia” Añadió riendo el lápiz. A Rachel le hizo mucha gracia. “vaya…..y ahora ¿qué tengo que hacer?”. “De momento atiende al papel, esto no ha acabado”.

De nuevo los dibujos volvieron a entrar en movimiento. Está vez Rachel conocía a otro hombre diferente al anterior. La particularidad de éste es que arrastraba carencias afectivas por heridas de su pasado. Entonces ella trataba de sacarle de ese lugar oscuro donde estaba metido sin darse cuenta que la que iba perdiendo luz poco a poco era ella. De vez en cuando él hacía un ademán de salir de su situación y eso la llenaba de esperanza, pero a la larga la situación era la misma. Rachel cada día estaba más triste y tampoco disfrutaba de la relación. La ruptura también era difícil porque sentía que todavía quedaba una oportunidad de que las cosas fueran de manera diferente. El hecho de acordarse de aquellos momentos mágicos que vivieron hacía que se encontrara de nuevo en la montaña rusa que tanto daño la hacía. La ruptura era terriblemente dolorosa por el apego y codependencia que se había generado.

Rachel lloraba al ver la historia: “ ¿por qué es tan difícil amar? No lo comprendo”. “Depende de lo difícil o lo fácil que lo quieras hacer tú. Una vez más tu pensamiento va por un lado y tu emoción por otro. Con esa separación en tu interior es difícil disfrutar. ¡¡Que dualidad mas grande!!. ¡¡Ni que fueras Géminis!!”. Esta afirmación arrancó una sonrisa a nuestra artista particular. “Que sonrisa tan bonita que tienes. Una pena que seas humana y no una sacapuntas ” Rachel volvió a reír. “ Lo que has vivido lo han vivido muchas mujeres. Tratáis de haceros salvadoras de hombres. Un hombre de verdad no necesita que le salven. Nunca olvides eso”. “ Entonces. ¿Todo esto lo han generado mis pensamiento sobre el amor?”. Preguntó Rachel. “ Puede que sean tuyos o puede que te hayan venido de fuera”. Contestó el lápiz. “ ¿Cómo solucionarlo?».

“Prestando más atención a tu emoción, y aprendiendo a interpretar lo que dibujas. Si hay un pensamiento que te hace sentir mal has de cambiarlo. Si cambias tu pensamiento cambiará tu vida y es mucho más probable que te encuentres con alguien con quien compartir tu camino. Ella asintió y comprendió lo que aquel lapicero decía.

“Solo una última cosa” añadió el lápiz. “ Dibuja algo ahora”. Los ojos de Rachel se llenaron de lágrimas, y lloró con fuerza mientras plasmaba la efigie de un animal de bellos colores en el lienzo que tenía delante. El resultado final fue la imagen de un Fénix imponente que surgía de sus cenizas. En cierta manera tras la toma de conciencia una parte de su ser había muerto y vuelto a nacer. Al finalizar dejó de llorar pues había soltado todo el dolor acumulado en su bello corazón. El lapicero dijo al ver al Fénix: “ recordaba a Calimero de otra manera”. Rachel reía a carcajadas. “Me alegro mucho de verte reír así pero creo señorita, que llega el momento del adiós. No estaría mal que nos devolvieras a la tienda”. Observó el lapicero.

Y así fue como Rachel volvió al lugar del crimen. Allí estaba don Diego que la recibió con una sonrisa enigmática. “Vaya veo que viene la ladronzuela. ¿Qué?, ¿te has iluminado con los colores?”. Rachel sonrió a la vez que asentía con la cabeza. “ Puedo despedirme del lápiz” preguntó ella. “ ¡¡¡Los lápices no hablan!!!. ¡¡¡Madre mía la juventud como está!!!. ¡¡¡No me extraña que haya programas como hermano mayor!!” dijo el dueño de la tienda guiñándole un ojo. Y así Rachel dejó atrás la tienda y al salir se cruzó con un hombre muy atractivo que iba a devolver una caja de pinturas exactamente igual a la robada por ella. Se miraron, se sonrieron y surgió algo en su interior, pero eso, amigos, es parte de otra historia.

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