La Diosa y el Astro

Llevaba el nombre de la diosa romana de la sabiduría, las artes y las técnicas de guerra. Era una mujer muy similar a la divinidad de la que recibió la denominación . Su conocimiento era ilimitado, amén de su pericia para realizar trabajo manuales, por no hablar de la capacidad que tenía para sacar a la guerrera que llevaba dentro e imponerse en algunas diálogos.

 


Él era un hombre que nació el día del sol. Y al igual que el astro que regía en ese día, emanaba luz, calor y su presencia (para bien o para mal) no pasaba inadvertida.
La cosa es que un día la sincronicidad, el destino, Dios, la vida o como lo queráis llamar, hizo que la que era como una diosa y el que era como un sol, se conocieran. Entre ellos surgió una gran atracción, que no magia. Pues la magia es mas cosa de magos que de astros y divinidades.

Durante un tiempo, ella dejó salir algunas de las artes en la que mas habilidad tenía: las amatorias. Mientras que él elevó su temperatura, calentando el cuerpo de su compañera de juegos de manera pasional.
Pero quizás una deidad como ella, y un cuerpo celeste como él no estaban preparados para comprenderse. Él incrementó tanto la potencia de sus rayos, que ella pasó de sentir un fuego ardiente, a un calor agobiante, que hizo que dejara en un segundo plano las artes amatorias, comenzando a utilizar las estrategias de guerra.

Resultado: él se quemó por dentro, pues no era consciente de porqué había pasado de ser un compañero de caricias a un enemigo, y ella comenzó a dudar de si misma y de su capacidad de amar, pues en ese momento no tenía la lucidez suficiente para comprender porque pasaba tan rápido del uso de las destrezas mas elevadas a las mas beligerantes.

Todo terminó porque así debía ser. Él se fue quemado y enfadado. Ella sintió el frío de la separación y la culpa del desenlace.
Pero como la vida, Dios, el Universo o como le queráis llamar, da y quita (para mantener el equilibrio), pasado el tiempo, les hizo un regalo: a ella la hizo comprender que la guerra nunca ha de ser usada de manera aleatoria y sí para fines elevados, convertirtiendola en una diosa de la justicia. Y a él le hizo ver que la intensidad del calor que otorgamos ha de ir variando, pues dar calor puede ser tanto una bendición como una maldición, convirtiéndole así en un astro mas sereno y sosegado, al que era más fácil acercarse en cualquier momento.

Conclusión. Puede que la guerra y la pasión formen parte de muchas relaciones, pero nada tienen que ver con el amor verdadero.

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