La leyenda de los Reyes Magos

Lleva mucho tiempo crecer. Hasta convertirse en un niño. Pablo Picasso.

Y había llegado Navidad, y como en los últimos años, me veía invadido por un sentimiento de nostalgia. Los tiempos mágicos de la infancia habían quedado atrás hace mucho tiempo, y la sensación de desconexión con los demás se había acrecentado. Muchas veces me sentía como un naufrago emocional y añoraba ese sentimiento de pertenencia que tenía cuando era pequeño y los amigos y los juegos copaban mis días. Quizás me había hecho más adulto de la cuenta.

En aquel año 2011 decidí que ya era suficiente. El día 21 de Diciembre fecha en la que empieza el invierno, y entra el Espíritu de la Navidad en nuestras vidas, escribí una carta a las tres personas más infalibles y admiradas a partes iguales por todos los niños y niñas de mi generación: Los tres Reyes Magos. Quizá fue una llamada de auxilio, quizás fue un ejercicio de locura, más mi sentir era que tenía que escribirla. Así que me puse manos a la obra.

Queridos Reyes Magos:

Soy yo. Javi. Quizás no me reconozcáis, y no creo que sea porque ya no tenga pelo o me haya hecho grande. Es probable que desde que no os escribo me hayáis visto perder alegría y espontaneidad. Dicen que es el precio que se paga por madurar.

Recuerdo aquellos días navideños de cuando era un niño. Me encantaba mirar al firmamento lleno de estrellas antes de dormir pues creía que en cualquier momento aparecería aquel cometa que os guió al portal de Belén.

También recuerdo cuando el abuelo, mi hermano Gonzalo y yo salíamos al campo en busca de materiales naturales para montar el nacimiento. Era un espectáculo casi hipnótico ver desde los cerros de Valdemoro (donde solíamos encontrar el musgo), el pueblo iluminado lleno de luces de navidad. Los paseos por el campo junto con nuestro abuelo en aquellos días inolvidables de vacaciones, formaban parte de la magia de tan señaladas fechas.

El caso mis muy queridos Reyes Magos , es que siento que poco queda de aquel niño fascinado por la vida que tenía intacta la capacidad de asombro. Me hice mayor, y como el resto de los adultos me dediqué a buscar lo que muchos creemos un tesoro. Un sueldo fijo, una vida estable y un sinfín de actividades con las que llenar el tiempo de ocio que me queda.

No todo son quejas. Soy profesor. Algo que me sorprende teniendo en cuenta que nunca fui un alumno modelo. Mi trabajo me permite estar cerca de esa realidad que tan alejada siento hoy de mí.

Por ello, Melchor, Gaspar y Baltasar, os pido que este año me ayudéis a recuperar la inocencia, la capacidad de asombro y el entusiasmo. Sé que puedo contar con vosotros pues nunca me fallasteis, y sé que escribir esta carta es caminar a vuestro encuentro. ¿Me reuniré con vosotros en el camino?.

Un abrazo enorme. Javi.

PD: Como cuando os escribía de pequeño, también os pido salud para mi familia y paz en el mundo.

Terminé la carta y me fui a dormir entre triste y agotado. Había escrito aquellas líneas con la mano guiada por el corazón, y cuentan que cuando alguien es capaz de escribir de esa manera ocurren milagros. Al menos, el mío, si ocurrió. La carta fue respondida.

Anoche tuve un sueño…Martin Luther King.

Según las intuiciones del joven Gyalgua el evento está próximo a ocurrir. Nuestros libros de las estrellas no avisan de esta posibilidad. Pero en el último mes él ha sido capaz de anticipar la alineación próxima de ciertos astros».

“Decidle que venga”. Dijo paciente el gran Lama. En la estancia de su santidad apareció un monje de unos veinte años. Pelo rapado, ojos rasgados y traje naranja. Su mirada era viva y su rostro amable. Sonrió a la vez que hacia una reverencia. » Su santidad». » ¿Gyalgua que se supone que está por venir?» preguntó el viejo Lama. » «Con toda humildad le digo que algo importante va a ocurrir. Todos los planetas alineados con el sol harán que en el cielo se forme una bola de luz que puede tener un efecto de movimiento en el firmamento». El monje contestó con firmeza. » ¿Estás seguro?» interpeló el Lama «Si señor. Yo no interpreto el cielo. Me habla. Y le escucho tan claro como cuando usted me habla a mi»

El Gran Lama le miraba con admiración. Aquel joven fue abandonado en la puerta del monasterio y según pasaban los años no les dejaba de sorprender. La vida había regalado a aquellos hombres santos la compañía de una persona muy especial.

» ¿Qué se supone que tenemos que hacer?» interpeló el líder espiritual » Cada vez que nace un Lama sabemos dónde y cuándo por la situación de los astros. Después vamos a buscarlo. En este caso, algo similar va a pasar, solo que quien va a nacer no es un Lama. Será una persona que va a cambiar el destino del mundo». Añadió Gyalgua emocionado. “Comprendo» dijo el Lama. » ¿Gyalgua te gustaría realizar el viaje para asistir a ese nacimiento?» Gyalgua dudó. Era profesor de otros niñ@s huérfanos en el templo de Darhamsala donde vivía . » Es un honor….pero ¿y mis alumn@s? ¿Quién se ocupara de ellos? Señor, se trata de un viaje largo» añadió preocupado Gyalgua. » ¿Como de largo hijo?, ¿A dónde tendrás que ir?» interrogó el viejo sabio» A Galilea, muy cerca de la ciudad Santa llamada Jerusalén».

El viejo druida estaba desahuciado. La muerte de su mujer le había hecho perder el interés por la vida. Se pasaba los días en casa esperando el momento de morir. Aquel invierno estaba siendo más duro de lo normal, pues al frío de los bosques siberianos se le unía el de la tristeza de no tener al lado a su compañera. Aquella oscura tarde llamaron a la puerta. El druida abrió. Allí encontró a su hijo con gesto de asombro. » ¿No lo ve padre ?». » El bosque está lleno de luminarias». » ¿Qué se supone que tengo que ver?» Salió de la casa con desgana y vio los arboles cubiertos de nieve iluminados en la oscuridad de la noche. Los elementales de la naturaleza se estaban haciendo presentes.

“Así que era verdad”, pensó el mago blanco…”los elementales iluminarán los bosques cuando la llegada del maestro esté cerca. Ese fue el mensaje que recibí en el consejo de druidas treinta años atrás”. El anciano se dirigió a su vástago“ Hijo es necesario que estemos atentos a las señales de los animales en los próximos días. Nos va a llegar un mensaje a través de ellos. Alguien muy importante va a nacer en Gaia. Nunca pensé que llegaría a verlo». Pero el gran druida Melciviv pensó erróneamente. La vida le estaba regalando un último gran momento que compartiría con su hijo Yulupuki.

Había encontrado un gran tesoro en una cueva cercana al Nilo. Hacía mucho que Basil se dedicaba a buscar yacimientos de oro para el faraón, y una vez más había tenido éxito. Informó a su rey del hallazgo y, como habitualmente pasaba, le llamaron a palacio. Allí fue recompensando con un cofre lleno de la misma piedra que se dedicaba a buscar. Agradeció al faraón su generosidad y marchó a casa a descansar hasta la siguiente búsqueda. En su interior Basil sentía un gran vacío. Tenía más dinero del que podía gastar y no veía que su trabajo repercutiera de manera positiva en las gentes de su país, pues el faraón aglutinaba la mayoría de la riqueza. Él era un tipo afortunado. Pertenecía a la minoría de la población egipcia que tenía acceso a una vida opulenta.

Al llegar a su morada, fue recibido por los criados. Basil no quería esclavos pues sentía que la libertad era el don más preciado del ser humano, por ello y por su generosidad sus criados le tenían un gran afecto.

Estaba cansado y taciturno así que aquel día se dirigió a la habitación más temprano de lo normal para ir a dormir. Se tumbó en el lecho cerró a los ojos, y un fogonazo iluminó su habitación. Al abrir los ojos allí estaba él. “Paz a ti” le dijo una figura humana rodeada de luz.

“Nada sucede por casualidad. En el fondo, las cosas tienen su plan secreto. Aunque nosotros no las entendamos”. Leibniz

A unos veinte kilómetros de Jerusalén se había declarado una tormenta de nieve. La situación climática era muy dura. Por ello el joven monje se había resguardado en una casa hecha para el ganado. Estaba congelado. Llevaba varios meses en la búsqueda. No sabía cuánto camino le quedaba pero intuía que muy poco. Y si algo tenía Gyalgua era intuición. Esperaba con fe a que el cielo confirmara lo que en otro tiempo recibió en forma de dialogo. Con total seguridad, las condiciones atmosféricas de aquella noche le mantendrían en aquella cabaña. Como buen budista meditó un tiempo hasta que su hacer se vio interrumpido. Al mismo refugio habían llegado una pareja de hombres. Un anciano y un joven. Ambos tenían pelo, barba larga y vestían mantos anchos y abrigados. Nada que ver con el hábito de Gyalgua. Pero lo más curioso de esta extraña pareja no era ni la diferencia de edad ni el aspecto, si no que venían acompañados de un gran buey, que pronto se sentó en el suelo de aquella cabaña.

El monje sonrió a ambos hombres los cuales le contestaron de la misma manera. Pronto se estableció un vínculo entre ellos sin necesidad de hablar. Los extranjeros le ofrecieron alimento a Gyalgua. Eran raíces y plantas de algún lugar lejano. El joven agradeció el ofrecimiento y comió junto a ellos. Más la cena también se vio interrumpida. Un hombre de tez muy oscura y con ropas que llevaban los pastores de la zona entró en el interior del improvisado alojamiento para guarecerse del frío. En el exterior había dejado su rebaño. Saludó con una reverencia al joven monje y a los dos hombres venidos de lejos. Y comunicándose con una sonrisa les ofreció un enorme queso que guardaba en su zurrón. Su atuendo era el de pastor, pero sus rasgos y color de piel no pertenecían a una persona de aquella zona. En cualquier caso daba igual de donde fuera cada uno. Una potente conexión se había establecido entre ellos. Era como si la vida misma hubiera preparado aquel encuentro.

Aquella noche las sorpresas no iban a terminar. Al terminar la cena el supuesto pastor se dirigió a los tres hombres en una lengua que sorprendentemente todos comprendieron. “ Paz a vosotros. Mi nombre es Basil y vengo desde Egipto. En mi país era el mejor buscador de oro del faraón. Llevaba una vida acomodada y llena de riquezas pero no era feliz. Todavía no comprendo porque pero un ángel de Dios se presentó en mi casa y me animó a que saliera de viaje hacía las tierras cercanas a Jerusalén. Por aquella revelación ya hace un tiempo dejé atrás mi país. El ángel también me hizo llegar que hasta este lugar acudirían tres personas procedentes de tierras muy lejanas. Ellos me daría la clave de porque estoy aquí. Poco más me comunicó aquel ser luminoso. Salvo tres cosas más. Vuestros nombres. Gyalgua, Melciviv, Yulupuki, ¿qué tal viaje habéis tenido y que os trae hasta este lugar en el mundo?.” Los tres hombres se quedaron sorprendidos. No solo comprendían el lenguaje de Basil sino que este sabía sus nombres”. “De manera espontanea Gyalgua rompió a hablar en aquel extraño idioma que mucho años más tarde se conocería como esperanto. “ Cuando era pequeño alguien me abandonó en un monasterio budista en Darhamsala a los pies de las montañas sagradas llamadas Himalayas. Soy monje y profesor de otros huerfan@s como yo en dicho monasterio. Hace cuatro meses salí del hogar al pertenezco. Nací con un don. Tengo la capacidad de establecer diálogos con el cielo y éste me avisó de la llegada al mundo de un ser humano como nunca antes hubo. Su lenguaje será el amor y derrumbará los muros de la incomprensión y el odio. Antiguos profetas de este lugar lo adelantaban. Mis superiores en el monasterio me animaron a venir a recibirle. En pocos días, quizá en pocas horas una señal en el cielo mostrará el lugar exacto del nacimiento. Un cuerpo celeste surcará el firmamento para mostrarnos el camino”.

A continuación fue el anciano Melciviv el que haciendo uso del recién aprendido esperanto se comunicó. “ Somos padre e hijo. Tanto Yulupuki como yo somos druidas en los bosques del este de Europa. Hace treinta años en un consejo druida celebrado en el solsticio de invierno, un Tejo milenario nos comunicó un mensaje. Aquel vetusto árbol nos avisó de la llegada a nuestra madre tierra Gaía del hombre que guiaría el corazón de los seres humanos hacía el amor y la paz. La primera señal sería que los elementales de bosque iluminarían nuestras oscuras tierras como así ocurrió hace cuatro meses. La segunda señal sería que los animales guiarían los pasos de aquellos que decidieran ir a dar la bienvenida al mundo a aquel que traerá la luz en la oscuridad. Días después de la primera señal un grupo de renos vinieron a buscarnos a nuestra casa. Creamos un transporte y Yulupuki y yo atravesamos nuestra enorme y fría tierra. Una vez dejamos las nieves y hielos atrás los renos volvieron a sus hogares. Nos despedimos con amor de ellos y justo en ese momento, un buey, este buey, apareció para traernos hasta aquí.

Todos los druidas que asistieron a aquel encuentro ya no están en este mundo. Solo quedo yo. Creí que conmigo se iba ir aquella información del anciano árbol, y sin embargo aquí estoy, con

mi hijo y dos extranjeros buscando al redentor”. Terminó de hablar emocionado. Echaba de menos a su mujer, pero su corazón estaba lleno de esperanza por lo que estaba por vivir.

“ Padre. Sabes bien que mereces estar aquí” Ahora era Yulupuki el hijo del sabio anciano el que hacía uso de la palabra. “ Después de dos años acompañando la enfermedad de madre mi padre había olvidado su sabiduría y su capacidad de servicio al mundo. Una vez ella se fue, se hundió en la oscuridad de la tristeza. Dejó de confiar en sí mismo. No sabía nada sobre la revelación que recibió mi padre hace ya treinta solsticios, más si recuerdo algo que me dijo mi madre antes de partir: Hijo acompaña a tu padre. La existencia tiene para él una bonita misión, y solo así encontrarás la tuya. Por eso padre te he acompañado durante todo este tiempo confiando en lo que me estabas diciendo”. Hijo y padre se fundieron en un abrazo ante los emocionados ojos de Basil y Gyalgua.

Aquella noche los cuatro hombres durmieron con una expectación inusitada. Iban a ser testigos del nacimiento del ser que establecería un mundo nuevo.

Basil se sentía extraño. Él no era una persona de conocimiento y tampoco tenía ningún don. ¿Por qué le habrían elegido a él entre aquellos sabios?. ¿Cuál era su misión en esta gran aventura?.

Me desperté a media noche para ir a beber agua. No comprendía lo que estaba soñando. ¿Cuatro personas buscando el nacimiento del niño Jesús?. ¿Druidas, Lamas, egipcios?. No sabía que era todo aquello pero decidí volverme a dormir sin darle mucha importancia. Aún así, mi carta a los Reyes Magos, siguió teniendo respuesta toda la noche.

Mateo 2:11

Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

A la mañana siguiente la nieve había cesado. Basil, Mericiv, Yulupuki y Gyalgua se desperezaron. Salieron del aquella cabaña para el ganado. Allí estaba el buey esperando.

“Quiere llevarnos a algún sitio.” Dijo Mericiv. Sigámosle. Se pusieron en camino tras los pasos del buey. Era difícil caminar, pues aunque no eran tierras tan frías y llenas de hielo como de las que venían Mericiv y Yulupuki, la nieve caída durante toda la noche era abundante. Aún así se abrieron pasó por ella, hasta llegar a la puerta de un palacio. El camino que seguía el buey atravesaba aquel lugar. No quedaba más remedio. Debían entrar y salir de aquella construcción. La puerta estaba franqueada por soldados romanos y fue abierta para que nuestros cuatro protagonistas pasaran. Allí, justo detrás de los soldados, se encontraba un hombre vestido con traje de rey. De alguna forma parecía que los estaba esperando. Pero lo más sorprendente no era su aspecto sino que también les habló en aquella lengua que súbitamente habían aprendido los cuatro. El esperanto. “¡Cuanto honor tener a hombres de conocimiento en mi palacio!. Mi nombres es Herodes y mi casa es vuestra casa.” Gyalgua, Mericiv y Yulupuki se sintieron entusiasmados. Otra persona se comunicaba con ellos de la misma manera que había surgido innatamente en la noche anterior. Basil por el contrario tenía malas sensaciones con respecto a Herodes. Algo en su interior le hacía sentir que aquel rey no era de fiar. Una vez dentro de los muros de palacio Herodes les invitó a comer en sus aposentos. Durante la comida el rey comenzó una batería de preguntas. Quiénes eran, de dónde venían, qué les había traído por aquellas tierras. Y los tres extranjeros respondían con alegría a aquel rey encantador. A Basil cada vez le gustaba menos aquella situación, pues reconocía en Herodes la figura de su faraón. Ambos eran hombres sedientos de poder, de oro y de ambición. Y ambos utilizaban artes oscuras para conseguir lo que querían. El egipcio tenía que hacer algo pronto o Herodes obtendría demasiada información que podía usar de forma nefasta. ¡Claro de eso se trataba!. ¡Herodes sabía que un ser de amor iba a nacer en el mundo y quería saber dónde para acabar con él!. ¡¡Basil se había dado cuenta!!. Así que decidió hacer algo que resultó ser crucial para el destino del mundo. Simuló estar borracho. Tan bien lo hizo, que la pesadez de sus actos molestó tanto a Herodes como a sus compañeros de misión. Rompió por completo la dinámica de seducción del astuto rey y la comida terminó sin que tuviera ninguna información relevante del lugar del nacimiento. Ante el comportamiento de Basil, Melciviv, Yulupuki y Gyalgua le llevaron a un lugar aparte para tratar de remediar la fingida melopea del egipcio. Fue justo en ese instante cuando Basil les confesó su estratagema. Había que salir de allí como fuera. Así que sin que Herodes fuera consciente, abandonaron el palacio por una puerta trasera. Allí no había rastro del buey. En algún momento decidió dejar el palacio y seguir su camino. ¿Dónde habría ido?. Más como bien sabían los druidas, los animales les iban a ayudar en la búsqueda. A lo lejos aparecieron andando en su dirección nada y más y nada menos que tres camellos.

Gyalgua se subió en uno, Melciviv en otro y Basil en el tercero. Yulupuki acompañaba el de su padre andando desde abajo. Prefería tener los pies en el suelo.

Los camellos guiados por una inteligencia superior se pusieron en marcha. Los cuatro hombres estaban muy cerca de su destino, algo que el cielo reafirmó cuando se hizo de noche y apareció una estrella de grandes dimensiones moviéndose en la dirección a la que se dirigían los camellos. Basil, Yulupuki y Melciviv miraron sonriendo a Gyalgua. El joven monje predijo aquel espectáculo celestial como señal de lo que estaban a punto de contemplar. Con su humildad habitual el monje agachó la cabeza y se sonrojó.

Aquel cuerpo celeste hizo que no pocas personas se pusieran en camino también. Así que los cuatro amigos, se fueron encontrando con muchas gentes, que, andando, en burro o en caballo seguían a la gran luz. La mayoría de aquellos hombres y mujeres eran humildes pastores entre los que se encontraban conocidos de Basil que le saludaban amablemente.

Y como no podía ser de otra manera, aquella peregrinación llegó a un destino. Un pequeño establo. Allí estaba el buey de los druidas. No era el único animal, pues también había una mula. En el establo, una bella y joven mujer de cabellos rubios sostenía a un pequeño recién nacido en sus brazos.Por otro lado, un hombre de aspecto más maduro arropaba a ambos y los protegía. Desmontaron de los camello y los cuatro hombres se acercaron al lugar del recién nacido.

Melciviv quedó fascinado con la madre del pequeño. Le recordaba tanto a su esposa…y es que la energía femenina más bella brilla de la misma manera en las mujeres cercanas a su esencia más amorosa.

Como si ella fuera consciente de lo que el anciano estaba sintiendo, se acercó a Mediciv y le puso el niño en los brazos. El druida lloró. Sintió junto a él a su amada fallecida y el corazón se le llenó de ternura. Yulupuki guiado por la emoción del momento, llegó hasta su padre y acarició al bebé que tenía en los brazos. El niño divino le regaló una gran sonrisa.

Gyalgua, y Basil se arrodillaron ante lo que estaban viendo. El padre de la criatura les tomó de la mano y les puso de pie. » No es necesaria la reverencia sino el amor» les dijo. En aquel momento un sin fin de personas llegaban hasta el establo y dejaban ofrendas. Sin ser hombres y mujeres de conocimiento, sabían perfectamente quien era aquel recién nacido.

Imitando el ejemplo de aquel humilde gentío los cuatro buscadores le hicieron llegar sus presentes al recién nacido.

Basil sacó oro de su zurrón. La piedra preciosa que tanta facilidad tenía para encontrar y que tantas cosas podía comprar. Era curioso. Después de media vida buscando tesoros había encontrado el más importante de su vida en un humilde pesebre.

Gyalgya saco de sus ropas incienso. Para los budistas significaba espiritualidad y pureza. El joven monje fue consciente en su interior que no hay nada más espiritual y puro que la llegada de un alma al mundo.

Los druidas por su parte, le regalaron mirra. Una sustancia resinosa y curativa que se usa para sanar heridas. Mediciv en aquel momento se dio cuenta que no hay cicatriz que no cierre la sonrisa de un bebé.

En ese momento, y después de casi cinco meses, los cuatros extranjeros habían llegado al final de un viaje que cambió sus vidas. Ahora comenzaba para ellos una nueva aventura que se convirtió en leyenda: la leyenda de los Reyes Magos.

La leyenda de los Reyes magos. Así titulé el sueño que tuve aquella noche una vez que tuve el valor de escribirlo.

Fui testigo de una historia que no sabía a ciencia cierta si era real pero que estaba cargada de magia. Aún así, me quedaban muchas dudas. ¿Cuatro Reyes magos? ¿De dónde venían los nombres que conocemos ahora? ¿Qué pasó con cada uno de ellos? Eran preguntas que brotaban en mi cabeza.

Aquella misma Navidad iba a tener las respuestas. La noche de Reyes de 2011, al llegar a casa tras ver la cabalgata, alguien me estaba esperando al lado del Belén de la entrada de mi hogar. Un hombre de tez muy oscura vestido con ropas de pastor se encontraba allí comentando y riendo. » ¡Anda que vaya ropas que nos ponen!. ¡¡¡ Por no hablar del pobre Yulupuki al que han convertido en tres pajes!!!». » Sin mirarme, pues estaba concentrado en las figuras del nacimiento, aquel hombre se dirigió a mi. » Ey Javier bienvenido!!. Te estaba esperando. He de reconocer que tu carta me ha encantado. Deberías escribir más a menudo. Se te da muy bien» Yo me ruborice. No todos los días se recibe un cumplido de un rey mago. » Supongo que tienes un montón de preguntas sobre nosotros y te las voy a responder antes de darte el regalo que nos pediste. Pero por favor sentémonos en algún lugar. El final de la historia nos tomará un tiempo».

Pasamos al salón. Allí sentados en dos butacas Basil completó la historia de los cuatro hombres más queridos del mundo.

» Unas vez terminaron las adoraciones. La Sagrada Familia tuvo que partir hacia otras tierras. En concreto hacia mi país. Egipto.

Al nigromante Herodes llegaron noticias de la estrella de Belén, la adoración del pequeño y la noche en la que la luz iluminó la oscuridad. Por eso mando matar a todos los niños nacidos cercanos a su palacio. Aquel rey tenía el corazón empañado por sombras, conocimientos oscuros y veía amenazada su posición de poder.

Después de la partida de la familia de Jesús casi todos nuestros destinos tuvieron algo que ver con el divino niño.

Por un lado, Mediciv decidió acompañar a María, José y el niño hasta Egipto, convirtiéndose en el primer maestro de el pequeño. Yesuah (nombre en arameo de Jesús) aprendió a través del druida la comunicación con los animales, la escucha del lenguaje de las plantas y conoció las propiedades curativas de éstas. El anciano le enseñó mediante el juego, y el pequeño aprendió rápido a conectarse con nuestra madre tierra Gaia. Una vez Jesús cumplió los 12 años, Mediciv volvió a los bosques siberianos y la sagrada familia marcho al Tíbet.

Allí Gyalgya se convirtió en el segundo maestro del Mesías. Con el monje budista, Jesús aprendió a meditar, a conectarse con el corazón y (al igual que su mentor) comenzó a establecer diálogo con el firmamento.

Con respecto a Yulupuki, fue el primero en volver a su tierra de origen. Mucho antes que su padre. Allí durante muchos años, se dedicó a asistir a los partos de los recién nacidos de aquellas frías regiones. La manera de hacerlo era de lo más original pues se transportaba en un trineo con renos como al inicio del viaje de búsqueda del nacimiento del redentor.

En lo que a mí concierne, acompañé a Jesús en todos los desplazamientos que hizo por el mundo. De manera esporádica seguí trabajando con el faraón un tiempo. Una gran parte del oro que recibí lo doné a los pobres de mi país, y una pequeña parte lo destiné a financiar los viajes iniciáticos de Jesús en su búsqueda del conocimiento. Estuve con él en Egipto, el Tíbet, India ( zona de Cachemira) Hispania (realizando lo que conocéis ahora como el camino de Santiago) y en los últimos días del maestro en este plano fui uno de sus discípulos en Jerusalén. Le vi crecer, reír, llorar, y lo más importante: le vi convertirse en el hombre que con su mensaje de amor cambio el rumbo de este mundo. Le vi convertirse en Jesús el Cristo.

Una vez que el Mesías cumplió su misión en vida, el mismo ángel que se me presento años atrás, nos convocó en la misma cabaña en la que nos encontramos una noche de tormenta de nieve. Era aquel mágico lugar en el que súbitamente comenzamos a hablar en esperanto. Allí estábamos todos. Mediciv, Gyalgya, Yulupuki y yo. Sorprendentemente ninguno había envejecido. En aquella reunión establecimos nuestra nueva misión. Un niño había cambiado nuestras vidas para siempre, y por ello seguiríamos al servicio de la infancia toda la eternidad.

Yulupuki se estableció en Finlandia y desde la zona llamada Laponia viaja con su trineo a repartir regalos a los niños de los lugares más fríos del mundo. Aquí le llamáis papá Noel y algunos pensáis que es nuestra competencia. Pero ¡¡¿cómo puede ser la competencia de los Reyes magos siendo hijo de uno de ellos?!!. ¡¡Qué disparate!!.

Con respecto a nosotros, seguimos haciendo nuestra labor. La historia y los concilios latinizaron nuestros nombres Mediciv ( Melchor) Gyalgya ( Gaspar) y Basil ( Baltasar). También nos elevaron al rango de rey o de magos. Más no somos nada más que personas serviciales. Como nos dijo alguien un día» no es necesaria la reverencia sino el amor».

Basil había terminado de contestar a mis dudas. Si el sueño me dejó sorprendido, el relato del egipcio me estaba dejando en shock. Y todavía tenía algo mas que decirme.» En cuanto a tu regalo veo que está empezando a llegar a tu vida. Por la cara que pones tengo la sensación de que estás recuperando la capacidad de asombro. Más no te preocupes. Retomarás los sentimientos y sensaciones perdidas. Para ello tendrás de aliados a tus alumnos del colegio y a dos pequeñas niñas a las que todavía no conoces, llamadas Lucía y Alicia. Todos esos niños y niñas te llevarán en brazos al encuentro con el pequeño Javier. Solo te pido dos cosas. La primera es paciencia. Todo proceso lleva un tiempo. Has estado muchos años alejado de tu niño interior. Ahora necesitas un periodo de adaptación.

La segunda cosa que te pido es que nos sigas escribiendo. A los cuatro nos gusta saber que tal están los niños a los que hace algún tiempo fuimos a adorar las noches del seis de Enero o del veinticuatro de Diciembre. Por favor Javi, no dejes de escribirnos. No dejes de ser tu» La últimas frases las dijo mirándome a los ojos con emoción. Ambos nos fundimos en un abrazo. Basil era un ser entrañable y bueno. Un hombre que había vaciado su corazón de oro para llenarlo de amor.

Llegó el momento de la despedida. Nos dirigimos a la puerta de casa en silencio y al salir mi amigo egipcio de mi casa le pedí con gracia » Basil da recuerdos a los otros tres viajeros y diles de mi parte que he sido bueno». Divertido contestó. » Ya lo sabemos, los reyes magos lo sabemos todo”. Con una sonrisa cerró la puerta. En aquel instante se ponía fin a una de las experiencias más conmovedoras de mi vida.

La Navidad Es Ese Niño Que

Nace En Nuestro Interior,

Que Motiva En Nuestros

Corazones Los Sentimientos

Más Nobles Y Esa Esperanza

Por Un Mañana Mejor.

» Tío Javi ¿quién es tu rey mago preferido?» Me pregunto Lucía. » Baltasar» Mientras Alicia mi otra sobrina decía » ¡¡el mío también Baltasar!!». Y Lucía me volvió a preguntar» y ¿por qué es Baltasar?». Algún día os lo contaré. Algún día.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *