El Aula de Enlace

A sus 10 años Mikhail estaba en shock. La famosa crisis económica obligaba a un traslado familiar a otro país. La empresa en la que trabajaba su padre era enviada ni más ni menos que a España. No tenían otra opción. Si su padre quería mantener el trabajo debía emprender la aventura hispana. De lo contrario la situación de los Volkov era de bastante incertidumbre.

Antes de dejar atrás su tierra natal, se informó a través de internet sobre el lugar en el que iba a vivir. Clima, cultura y datos generales. Lo que más le llamó la atención fue que España tenía pinta de ser una monarquía, ya que encontró muchas noticias sobre la princesa del pueblo: Belén Esteban. También le resultó bastante chocante el excedente de carne de cerdo que tenía que haber en esa tierra lejana. Al parecer, y según comentario leídos en foros, el país estaba lleno de chorizos. Comida típical spanish por otra parte.

En el mes de Agosto de 2011 Mikhail , su padre y su madre llegaron a España. Concretamente a Madrid. La empresa les proporcionó vivienda en un conocido barrio de la capital. Ciudad Lineal. Y allí comenzaron su nueva vida .

Mikhail se matriculó en un colegio de ese mismo barrio. El hecho de que dicho cole contara con un aula de enlace para que alumnos extranjeros aprendieran castellano fue lo que le hizo decidirse por ese centro.

Llegó septiembre y con ello el comienzo del curso escolar y el niño se enfrentó a su primer día de colegio. No fue fácil. Nada más llegar, en la entrada le recibió un abuelito junto con otro muchacho más joven. Ambos tenían gafas y le hablaban como si les entendiera. Eso sí. Le hicieron un truco de magia con una serpiente de papel y Mikhail quedó encantado. Justo después de esto apareció en escena el que debía ser el jefe del colegio, porque se le veía moverse para todos los lados pendientes de mil cosas a la vez. Era un poco más bajo y rechoncho que los anteriores pero también llevaba gafas. El jefe se metió dentro de una sala y salió acompañado de un hombre joven de escaso pelo, vestido con colores vivos (parecía un arbol de navidad) y , ¡que curioso!, también llevaba gafas. Lo primero que pensó Mikhail al verlo fue que en ese cole todos debían ver muy mal. El profesor se dirigió a Mikhail y este entendió que se llamaba Javi. El resto le sonó a élfico, solo que el que hablaba así no tenía la cabellera larga y rubia ni la tez pálida de un elfo.

Acto seguido subieron por las escaleras juntos y le llamó bastante la atención la primera planta por lo alegre de los colores y de la decoración de las paredes. El niño pensó que o bien aquella podía ser la planta de infantil o bien  los españoles ya estaban celebrando una de sus fiestas. Una vez subió a la segunda y tercera planta salió de dudas. De fiesta nada. Los colores eran más sobrios y la decoración menos alegre. Y fue allí en la tercera planta donde se encontró con el aula de su primer curso en el centro.

Nada más entrar Mikhail se dio cuenta que estaba en una Onu a pequeña escala. Niñ@s Chin@s, Marroquíes, Ghaneses, Pakistaníes , Ruman@s etc…. Un crisol de culturas en poquitos metros cuadrados.

La adaptación fue difícil. El élfico era más complicado de lo que creía, pero aún así se entendía con sus compis de clase mediante el idioma universal. El de los gestos. En los recreos había niños y niñas de otras clases que se acercaban a tratar de comunicarse con él, sin darse cuenta que hablarle más lento y más alto no era el mejor método para que Mikhail les comprendiera. Aún así eran muy insistentes y se dieron muchas situaciones cómicas al respecto.

Como era de esperar el idioma se fue haciendo mas comprensible para el niño. Mikhail saludaba con un buenos días al abuelito Bernardo, a Chema (profe de religión) o al mismísimo jefe Medina si se lo encontraba en la puerta. También se aprendió el nombre de casi todos los profesores y lo que es más difícil, el nombre de sus compañeros de aula.

Pasaron los día, las semanas, los trimestres y el curso llegó a su fin. Una vez acabado Mikhail se dió cuenta de las muchas cosas que aprendió junto a Marta (la profe mami), Enrique (el profe rockero), Gustavo (el profe fantástico y fabuloso) Mariní (profe sonriente)Juan Carlos (el profe juguetón), Milagros (la profe serena) y Javi (el profe chiflado). También fue consciente del gran numero de amigos nuevos que había hecho. Pero quizás lo más importante de todo para Mikhail fue que comprendió que todos los seres humanos son iguales independientemente del idioma que hablen, del color de piel que tengan o del país del que procedan.

 

 

 

 

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